06 septiembre 2008

Sayago, mis raíces...

Rafa y yo cogimos el coche y nos fuimos a Sayago, pensando en visitar a la familia en Argañín, conocer los alrededores y disfrutar del Parador de Sayago, que hay en Muga y del que nos habían hablado Segurado y Mari, que habían estado allí.

Consultamos el libro Por los pueblos de Sayago de J.Luis Valdueza Morán, del que extraemos muchos datos que recogemos aquí. Sus fotografías nos incitaron a recorrer estos singulares monumentos.

Nos interesaron mucho sus datos sobre Geología: Los amantes de la geología encontrarán en Sayago una amplia gama de rocas y minerales componentes o asociados para su observación o estudio.
El paisaje sayagués guarda recuerdos de la historia de nuestro planeta y presenta formas muy bellas. Berrocales graníticos, rocas redondeadas por la erosión, encabalgadas, dan lugar a espectaculares berruecos.
Gneis.- surge del granito sometido a fuertes presiones y elevadas temperaturas, mostrando curvas.
La belleza de diaclasas, como las de Almeida, son grietas en los granitos, donde el agua que se filtró por esas fisuras, descompuso los feldespatos, los transformó en arcillas y al desaparecer el feldespato, que sirve como elemento de cementación los restantes minerales se disgregaron en productos de arenización.
En las proximidades de los Arribes las cizallas de la Era Hercínica (320-280 m.a.) concentraron minerales con yacimientos explotables: oro, wolframio, estaño, hierro...
En el 270 m.a. se forma la cordillera Hercínica de Galicia a Andalucía, que hace emerger los granitos afectando a las rocas encajantes, formando gneises, cuarcitas, esquistos micáceos y pizarrosos, areniscas genísicas y otros materiales metamórficos a lo largo del río Duero. Aureolas en las que el granito engulló en su emergencia a las areniscas que le cubrían transformándolas en cuarcitas. Hay curiosas estructuras como la Aureola de Pelazas, semejante a un árbol fosilizado.
La cordillera Hercínica se fue rebajando y convirtiendo en penillanura.
Los granitos del Este de Sayago, línea de Peñausende-Tamame-Pereruela, ricos en feldespatos, formaron grandes depósitos de caolín, explotados desde la antigüedad; para encalar los de Peñausende y Tamame y para cerámica los de Pereruela y Tamame.
Hubo finalmente procesos de opalización en las diaclasas de granitos. Las mejores silcretas (rocas silicificadas) del mundo, conforman la roca del Castillo de Peñausende.
En la Era Primaria se producen las fracturas.
La que separa las pizarras alistanas de los granitos sayagueses, servirá de cauce al río Duero, que girará bruscamente al llegar a Tras Os Montes, para adaptarse a la fractura norte-sur, cuando sirve de frontera. La fractura suroeste-noroeste sirve para alojar al Tormes.
En la Era Secundaria transportará sedimentos al Este, hacia un mar poco profundo, el Thetis.
En la Era Terciaria, con la Orogenia y el Plegamiento Alpino, originó el cambio de sentido de los ríos, que hasta ese momento vertían hacia el este, ocasionando mayores erosiones en sus cauces, excavando lechos cada vez más profundos.
En el Período Mioceno, con el transporte de materiales, ahora hacia el oeste, se formarán abanicos aluviales. El punto de partida de estos materiales será el Teso Santo (hoy con 985 m.) y los Sierros contiguos con él alineados. Formarán numerosos cerros-testigo, que configuran el paisaje sayagués, pues resistieron la erosión fluvial debido a su impermeable capa de tierras fojas arcillosas, mezcladas con cantos rodados.
Una vertiente hacia el Duero-Frontera, tiene riveras de curso corto y rápido, con espectaculares cascadas, como la de Mámoles y otra de curso lento y largo discurre hacia el Tormes.

viernes
Nuestra primera parada fue cerca del embalse de Ricobayo. Visitamos S. Pedro de la Nave, monumento del s.VII, trasladado en 1939-32, para evitar quedar bajo las aguas del embalse.
La piedra, que no procede de canteras próximas, debió de llegar por el río, en una nave..., de ahí su nombre.
La nave de la iglesia es multiforme, trata de unificar estilos, de aunar tendencias: en principio de planta basilical, gracias a dos recintos junto al presbiterio se convierte en cruz latina y mantiene las diferentes alturas de las naves.
Las columnas del crucero son de mármol, la del lado del evangelio, veteada, de una belleza soberbia. Se aúnan el estilo oriental de arco de herradura y el de medio punto, en el arco toral, así como los materiales: ladrillo y piedra. También es significativo la existencia de una cúpula. Los capiteles, muy representados en libros de arte, mantienen la temática isidoriana del sacrificio de Isaac y otros, Daniel con los leones, así como rostros que identifican con santos.
Incrustados en el presbiterio aparecen grecas con motivos pre-romanos. Hay un gran simbolismo en los motivos: racimos, aves en círculos de tallos, rosetas estrelladas y molinillos, rueda solar simbólica... Aparece grabado en un sillar el horologio solar, tablas numéricas para calcular el año litúrgico...
Se quejaban los guías, de que las estelas romanas que tiene el templo se han pulido y viajan a exposiciones por medio mundo, mientras que los santos, que carecen de interés, permanecen en lamentable estado, sólo reclamados por las preces de los fieles.

Luego continuamos nuestro camino por la N-122 a Muelas del Pan. En el pueblo de Ricobayo cogimos una carreterina, Za-3216, hasta el pueblo de Villalcampo, allí cogemos otra carreterina, la Za 3272 hacia el salto, que nos llevó hasta las profundidades del Duero, que cruzamos por la misma presa de Villacampo.
Al cruzar el río, nos encontramos en Sayago, la carretera cambia de nombre, Za 324 y de allí a Moralina, siempre serpenteando carreteras destrozadas.

Moralina está en el cruce de dos calzadas, la de Pino- Ledesma, Zamora- Miranda. Se conserva una pila próxima a una vieja noria, que es sarcófago romano.
Es la última localidad sayaguesa en abandonar la actividad tradicional de mayor raigambre: el telar. Me parecían preciosas las albardas con rayas, que llevaban los burros y yeguas de mi tía María. Me acuerdo de niña, que las veía en la casa, que pendían del balaustre de la escalera y a lo largo del muro, los sacos de telas hermosas llenos de grano.
Hay una bonita excursión por la rivera de Moralina para apreciar aspectos geológicos(p.104 del libro citado)

Pasamos por Argañín cuando ya anochecía. Dicen que su nombre procede del árabe y significa iglesia, puede ser que en otros tiempos fuera una especie de cabeza de diócesis, pues su pendón es principal en Fariza. El templo actual es renacentista con retablo del s. XVI, coronado por Cristo de la misma época. Me gusta su camerino y bella espadaña.
El pueblo se estira en diferentes barrios y las casas se alternan con los huertos y los cortinos, mezcladas con abundantes fresnos, encinas y negrillos. La rivera procede de Monumenta y discurre entre berrocales y atractivas piedras caballeras.
Sin parar en el pueblo de mi padre, que era el objetivo de nuestra excursión, continuamos para descansar y dormir en Muga.

Muga tiene un parador que es verdaderamente una maravilla. Cenamos en un comedor renacentista, con estucos y lámparas de mucho lujo. En el sótano hay un comedor con bóvedas románicas, están pintadas con escenas de la vida y lugares sayagueses, el herrero, los pendones de Fariza, los puentes romanos, el cigüeñal,...La habitación también estaba muy lujosa, sobre todo el baño con su ducha de hidromasaje.

sábado
Por la mañana fuimos a Miranda do Douro, para hacer la ruta del catamarán por los Arribes del Duero. Habíamos leído sobre D. Quijote en Sayago y de D. Diego de Miranda, el caballero del Verde Gabán, así que íbamos a descubrir una ficción.
En el catamarán Toño nos deleitó con sus explicaciones de la ruta y yo tuve un búho real amaestrado en mis manos, pues era parte de la atracción del evento.

Vinimos a comer a Argañín, a casa de Mari, que había invitado a la familia en su casa, para que pudieramos disfrutar juntos.
Luego fuimos a la Resbalina, unas peñas en las que es costumbre resbalar sentados sobre una escoba y un pedrusco. Nos animaba José Luis, así que gracias a su pericia nos bajó a los niños y a mí, Rafa se animó solo. Merodeamos los alrededores y vimos los restos de un molino, con su piedra sobre el césped, llena de musgo y verdín. En el libro de Valdueza nos habla de alguno en el sitio de Renacual, claro que con ese nombre no se puede negar que hubiera ranas cantarinas y molinos por ahí. La rivera, que procede de Monumenta, discurre a través de un atractivo entorno, entre berrocales y piedras caballeras como Peñala Campana, Rita Escusa, Molos de Campiel o Peña Corporales, pero la más arepresentativa es Peña Resbalina, próxima a la raya con Monumenta. Las aguas de pequeños cauces o riveras fluyen por la comarca, aunque presentan un régimen temporal con prolongados estiajes, están limpias y sin contaminar lo que les confiere una excelente calidad para plantas y animales. También hay charcas y fuentes repartidas por toda la comarca, que proporcionan vital importancia para numerosas especies.
Regresamos del largo paseo, preocupados de si era mucho andar para Ana y recordando los nombres de cruces de caminos, de molinos (hubo 6), de fuentes y de la rivera. Nos despedimos hasta otra ocasión y volvimos a dormir a Muga, acompañados por Jose Luis y Alfonso, que nos enseñaron el ambiente de tapeo, que había allí.

Muga tiene unos restos históricos de lejanas épocas, desde cuarcitas achelenses del paleolítico y su nombre parece proceder de pueblos indoeuropeos. También romanos, como el sarcófago, que actualmente es abrevadero en la Fuente Nueva y no es de extrañar, pues venía una calzada de Muga a enlazar con la del Norte de Cibanal.
Ha sabido conservar su folclore en el traje típico, el baile charro y el baile de la bandera. Pueblo religioso, conserva algunas cruces del Vía Crucis que seguía a la desaparecida Ermita del Humilladero. La Virgen de la Asunción, permanece en el mes de mayo en la iglesia parroquial y es trasladada a la Ermita de Fernandiel, que conserva unas interesantes pinturas murales, donde el pueblo acude en romería el Lunes de Pascua.
Muga es un pueblo emprendedor. Sus comerciantes han negociado por la comarca y es interesante su feria de ganado, el primero de cada mes. El hotel donde nos alojamos es una sorpresa para nosotros por su lujo y distinción.
El Instituto, fue una institución educativa regida por el párroco con gran éxito y la labor social realizada no podrá ser pagada suficientemente.

domingo
Regreso a casa, aprovechando una ruta, que nos permitiera conocer nuevos paisajes.
Desde Muga fuimos a Fariza.Vimos en el cantil la ermita de la Virgen del Castillo, que cristianiza un castro, a donde acuden en procesión el primer domingo de junio, desde la parroquia de Fariza, con pendones o “viriatos” ocho localidades, Fariza, Cozcurrita, Badilla, Mámoles, Palazuelo, Zafara, Tudera y Argañín, que procesiona junto a la Virgen, pues se considera que fue de su propiedad.
En el cantil, junto al Duero, se encuentran Los Castrilluzos, posible asentamiento de épocas Cogotas I y hierro. Permite admirar la adaptación al entorno de un poblamiento primitivo. Desde aquí se contempla el Duero y sus arribes, adornados de enebros, del bosque de Cozcurrita.
En Fariza está el Puente Grande, romano en sus pilares, con arcos apuntados y hacia la carretera de Badilla, el Puente de la Poza, de lancha única de pontón a pontón.
De la ermita a Cozcurrita va su camino desgranando molinos (se cuentan 20) y un hermoso puente, (barquiformes) que veremos otra vez, como le Batán, la Cascada y el Pozo Rechano, repleto de tesoros, que una enorme piedra en su boca ocultaba.
La Fragua: antigua mina, también se encuentra próxima.

Luego pasamos por Badilla, antiguo vado por el que se tributaba ante una pequeña barca para acceder a Miranda, pero nosotros ya estuvimos ayer y hoy sólo decimos adiós. Antiguamente hubo un castro arriba del arroyo. Aún se conservan huertos con cigüeñales y 3 molinos comunales, 3 fuentes y varios puentes. Los pastos del Arribanzo nutrían cabras y ahora ovejas. La carretera sigue la calzada romana que unía Fariza con Torregamones
Al pasar vimos sobre el prado 6 u 8 alimoches que alzaron el vuelo.
En el cruce a la derecha cogimos la carretera a Torregamones, donde viven Ana, Toño con Sara y Javier. No paramos, pero en el libro Por los pueblos de Sayago, J.L. Valdueza Morán nos habla de varias rutas que nos gustaría conocer: El Santo: dólmen, chiviteros, molinos y fuente.
Entramos por un desvío a Villardiegua. Tiene junto a la iglesia un berraco traído del poblado de S.Mamed, que quieren considerar una yegua, aunque el nombre del pueblo en lengua céltica significa villa de agua. Hay 20 estelas documentadas, empotradas en viviendas. Sería interesante visitar el Castro, a 5 Km sobre el cerro coronado por la Peña Redonda, en la antigua dehesa de Bozón donde se han expoliado piedras de murallas para cerramientos de cortinas y arrayos (propiedades privadas dentro de zonas comunales). Se hallan indicios de culto a la serpiente. Pueden visitarse molinos y cascada.
Por Villadepera seguimos a Pino en busca del Puente Requejo, entre Sayago y Aliste. Hasta la construcción en el 1914 de este audaz puente, sólo era posible el paso entre ambas orillas a través de frágiles barcas, que con gran riesgo, osaban cruzar el Duero. Se cuentan arriesgadas historias de contrabandos, cargadas de angustias y soledades.

Vamos por una carreterucha de vistas panorámicas, mientras admiramos este puente Pino, de la escuela de Eiffel y la majestuosidad de los arribes. Seguimos de Pino a Fonfría y recorremos ya pueblos de la comarca de Aliste. Para coger gasolina fuimos a Alcañices y pisamos el Puente de Pérez Fadón, luego volvimos sobre nuestros pasos, o mejor dicho sobre nuestras rodadas para en Fonfría tomar (Za 941) otra carreteruca hacia el Castillo de Alba.
Cubren sus ruinas el alto de un risco, donde hubo un castro, una encomienda templaria, abajo el río Aliste. Se ve la torre del homenaje, desmochada. En 1445 Enrique IV lo cede a D. Enrique de Guzmán con el título de Conde de Aliste de Alba.
Llegamos a un cruce donde cogemos la (Za 903) a Carbajales de Alba, pasamos el puente del Manzanal, sobre el río Aliste, con su área de recreo. El puente es de una sola dirección, aunque hay zonas más amplias, para efectuar paradas.
En Manzanal del Barco contemplamos el viaducto de Martín Gil, para ferrocarril, que tuvo en su día el arco más grande de hormigón del mundo, con 209m.
Aquí dejamos las embalsadas aguas del Aliste y Esla en la presa de Ricobayo y llegamos a parajes de jaras y genistas.
La carretera sigue por Palacios del Pan y Andavías.
Ya tenemos hambre y cansancio y ganas de llegar a Zamora, pero aún está la parada de Hiniesta, donde queremos contemplar el templo que encontró Sancho IV, persiguiendo una perdiz. Es muy hermoso el pórtico protegido por profundo porche de época de los reyes Católicos, el mejor de escultura gótica de la provincia, junto con Toro.

Llegamos Zamora tan próximos al Restaurante D. Sancho, que no nos fue difícil reponer fuerzas. Aunque, como estaba a tope de gente, por bodas y bautizos, no pudimos comer el arroz a la zamorana, que deseábamos, pero no nos faltaron exquisitos manjares.
Luego la ruta fue sin paradas hasta casa.

29 agosto 2008

Castrotorafe, Fontanillas de Castro, Zamora




En anteriores excursiones, entre Moreruela y Zamora,  habíamos observado unas ruinas, que despertaron nuestra curiosidad. Están cerca de Fontanillas de Castro, se trata de Castrotorafe, ved aquí las fotos de nuestra visita, 

Empezamos recopilando una documentación.
Vimos que ya en la antigüedad, en la época de los romanos, existió en ese lugar Vicum Acuarium situada a LXXII millas de Asturica (Astorga) y LVII de Salmantica (Salamanca), junto a un puente sobre el río Esla, en la ruta de la plata.

En 1129 Alfonso VII de León, le concede los fueros de Zamora y establece su demarcación. (Se dice también que posteriormente este rey la mandó asolar y sembrar de sal, por haberse rebelado contra él).

A la muerte del monarca reparte el reino entre sus hijos. Fernando II va a ser rey, sólo de León, su hermano Sancho III hereda Castilla, tras un breve reinado y su pequeño hijo Alfonso VIII después.

Se suceden varias guerras entre estos reinos, por cuestiones de límites y por las familias Laras y Castros, tutores del niño rey.

Así dice la wikipedia:
Después de la separación de los reinos de León y de Castilla en 1157, la población creció en importancia y Fernando II de León potenció la villa.
En 1176 la Orden de Santiago, fundada un año antes, recibe Castrotorafe de manos del rey (villam dictam Castro Toraf per terminus novinssimos et antiquos), y en 1178 otorga fuero a la villa. Años después, Urraca de Portugal, viuda del monarca, concedió la mitad del portazgo por el paso de su puente (el cual se derrumbó en el siglo XVI) a la Catedral de Zamora para las obras del claustro.

Para defender las fronteras Fernando II, rey de León crea una orden militar de "frares soldados", al cargo de Pedro Fernández de Fuente Encalada. En un principio proclama la Encomienda en Castrotorafe y luego pasa a Cáceres. Los frares de Cáceres son los que cambian su nombre y toman el de Órden de Santiago.

En 1.181 Fernando II, regala la villa de Destriana a la orden de Santiago. Dice así: "Os entrego, pues, y os confirmo la Iglesia de San Salvador de Destriana con su población y con las iglesias que le pertenecen en el valle del Duerna, dentro y fuera, y con las sernas que hay en Valduerna, pobladas o sin poblar, y Priaranza y Ferrera totalmente y con todas las propiedades que pertenecen a San Salvador de Destriana". El rey estaba en Castro Toraf.  (Julio González, "Regesta de Ferando II", Pags 308-310).

Con la mitad del portazgo recaudado por cruzar el puente, Dª Urraca, Viuda de Fernando II mandó en 1209 ampliar la catedral de Zamora , con el tiempo llegó a adquirir tanta importancia que se la llamó “Zamora la Vieja”.

P1020778
Castrotorafe será la encomienda principal de la Orden de Santiago, ubicada como está en un lugar estratégico y una plaza fuerte inespugnable.

En 1351 el Maestre de dicha Orden se la entrega al rey Pedro I, en los años convulsos de las luchas fraticidas.

La fidelidad a este rey motiva que sea arrasada por su rival, el hermano vencedor, Enrique II.

Volvió a ser reconstruida, porque en 1475 es atacada de nuevo por Alfonso V de Portugal en su lucha a favor de Juana “la Beltraneja”. Sus tropas consiguen penetrar la muralla exterior pero no son capaces de tomar la fortaleza, que resiste hasta la llegada de los soldados de Fernando el Católico.

Pasó de nuevo a la Orden de Santiago y el comendador, Alfonso de Palencia, ordena una nueva restauración.

En el Siglo XVI se repara el castillo por orden del Conde de Benavente.

En el Siglo XVIII se cayó definitivamente el puente del Siglo XII.

El nombre de Castrotorafe procede del
También puede ser, según he leido en internet, que podría proceder del arabe “hins al turab” que vendria a traducirse como “Castillo del Polvo”, no hay que olvidar que muy cerca de este lugar se encuentran las tierras denominadas “de la Polvorosa”. Los pueblos próximos llevan el sobrenombre Castro, por haber pertenecido a Castrotorafe.

Todo esto nos fue haciendo comprender la importancia del lugar y decidimos hacer un alto en el camino, para visitarlo.

Hay que reconocer que aunque el camino está señalizado, su importancia histórica se merece una entrada más amplia y un trato mejor.

P1020771
Al fondo, recortándose en el horizonte, observamos restos de las murallas del recinto exterior muy deterioradas. Nuestra sensación de pena aumenta al contemplar que, el cartel que indica la historia del lugar, es utilizado como diana, para practicar el tiro por los desaprensivos...

El recinto amurallado es hoy un immenso campo de trigo y pasto para los rebaños de ovejas, que allí las vimos nosotros.

Si las hubiera visto aquí D. Quijote, no sería descabellado que las confundiera con ejércitos.

Nos acordarnos aquí de nuestro héroe literario, porque estamos en los dominios, que fueron entonces del Conde de Benevente, protector de Cervantes y muy cerca de lugares, cuyos topónimos cita el autor.


No está lejos la Ruta del Quijote en Sanabria que nosotros hemos escrito en este enlace y que defienden algunos autores, dando a nuestra historia una nueva perspectiva.

cartel de la casa del Escritor del pueblo CervantesNo podemos evitar el sentirnos literatos y nos atrevemos a recrear una escena:

– Esas que ves ahí Sancho, son los caballeros de Santiago que habitaban el castillo.
- “Mire bien vuesa merced, que son ovejas y allí está un pastor malencarado que nos vigila”
- ¡Ese, Sancho, no es otro que el gran maestre Pedro Fernández de Fuentencalada, que a sus freires protege!”.


El paisaje de secano cambia al llegar a la fortaleza principal del fondo.

Aparece el río Esla majestuoso, con el agua embalsada, como si se tratara de un castillo junto al mar, en un profundo acantilado.

La magia del lugar y el ambiente de misterio nos van atrayendo poco a poco, haciendo que el tiempo se detenga, para soñar con un sin fin de leyendas, y para hacer hermosas fotos.

Dejamos el lugar pensando que su abandono se debe a la destrucción del puente antes mencionado, pero yo creo que por la fuente de ingresos que proporcionaba, merecía la pena ser restaurado.

Tuvo que tratarse de otras causas, estratégicas, miltares, sociales y económicas las que provocaron la ruina. Se trataría de potenciar otras vías de comunicación en detrimento de las antiguas o el desprecio de este lugar esplendoroso... ¿por qué no pensarlo también, la desidia de sus responsables?

Mientras volvía para León recordé que hace poco visité otro despoblado, el de Bécares, cerca del puente de la Vizana y no puedo por menos de preguntarme si esa desidia de los ciudadanos y la despreocupación de nuestros políticos no acabarán también con las señas de identidad de nuestro pueblo. En este caso la solución al enigma está ahora en nuestras manos.

26 agosto 2008

Argañín de Sayago, fiesta de S. Bartolomé

El día 23.08.08 estuvimos en Argañín celebrando la fiesta de S. Bartolomé y mi santo. Bueno mi santo el sábado y S. Bartolomé el domingo, je, je.
Yo quería encontrarme con los lugares y con la gente que conocí de pequeña y por eso anduvimos callejeando toda la tarde.
Desde casa de Teresa, ella y yo fuimos hacia la iglesia y pasamos por la casa del quinto de mi padre, Sebastián, que venía a la fiesta de Barcelona, o Vascongadas. Le visitábamos en su casita pequeña, con el banco de piedra a la entrada y aún está igual.
Luego vimos la antigua escuela, que es ahora la Casa de Cultura. Tiene un local para los jóvenes, donde trasnochan festejando todas las fiestas de los alrededores. La cofradía de S. Bartolomé también se reúne en ella y los niños tienen actividades de dibujo y demás.
Tanto Sara y Javier como Marta y Elena tenían las bicis tiradas a la puerta de Loli, la amiga de Mari, que viene de Barcelona, donde habían estado comiendo.
Seguimos a casa de Mari, donde tomamos café y esperamos a Toñi, Loli y Rafa para iniciar el recorrido por el pueblo.
Primeramente fuimos a la casa de los tíos María y Manuel y nos hicimos unas fotos allí mientras que yo iba desgranando antiguos recuerdos:
El hermoso portalón daba entrada a un corral fascinante, por el que las gallinas corrían cuando se las ofrecía el trigo y huían cuando lanzábamos el agua de la palangana. Las flores de grandes geráneos, que crecían en antiguos baldes y calderos, la recibían agradecidas.
Tras el portalón esperaba un mundo de sensaciones, primero el carro y los apeos de las mulas y alforjas, luego sol y calor en el centro, dependencias oscuras y frescas al rededor, que eran el taller y las cuadras. Antes de la entrada había un porche pequeño, con dos bancos de piedra. En el lado derecho estaba el pozo, con la tapa de hierro y su roldana. También había una piedra de afilar, que yo giraba. ¡qué placeres!
La casa escondía mil maravillas. El comedor, estaba según se entraba y era como un gran salón de donde salían las habitaciones y desde donde subía una escalera al sobrado. A la derecha antes de la puerta de la cocina estaba el lavabo, con su bolsita bordada para los peines y el peinador colgado de una punta, al lado del espejo y las jarras del agua junto al palanganero.
Más allá de la cocina estaba la puerta de la bodega, que estaba oscura y fresca, por lo que yo prefería quedarme fuera, mientras el tío sacaba jarras de vino con deleite.
Para comer, todos nos sentábamos en torno a una mesa redonda, con un hule en el que estaba pintado el mapa de España. Jugaba con el tío Manuel o con el tío Alejandro Carrascal, que yo consideraba mi abuelo, a localizar las ciudades, los ríos y hasta los accidentes de las costas, que eran los únicos que conocía en esas fechas.
La cocina tenía un ventano que daba al comedor y sobre él, la única bombilla proyectaba sombras que se mezclaban con el resplandor de las llamas del hogar, con su campana, en su interior grandísima y ahumada, en los laterales, adornada con el vasar, donde lucían platos de porcelana con grandes flores. En el suelo. un montón de pucheros de hierro, con sus trípodes, de distintos tamaños, uno muy chiquitito, hacían mis delicias, a pesar de que no podían tocarse, pues abrasaban. Y tampoco podía cogerse la cadena que pendía del interior de la campana, ni se podía uno arrimar lo necesario para ver el cielo en lo alto de la negrura, porque aquella lumbre parecía no apagarse jamás. No hay que olvidar el amplio escaño, donde siempre aguardaban tomates y pimientos, que podían comerse así sin más, con tan sólo limpiarlos en el mandil de tía María. En las paredes encaladas para la fiesta, la mica brillaba al sol, aún en la penumbra de la siesta y las moscas zumbaban acercándose a las uvas que pendían de la viga. Había dos o tres mesitas pequeñas con un único cajón donde se guardaba un plato con un resto de chorizo o lomo y en otra el pan.
Sentados en el muro de una cortina, unos vecinos nos saludaron. Allí estaba Matías, su hermana, su mujer Pilar con los que disfrutamos desgranando recuerdos. Se sabía hasta un chascarrillo de los que contaba mi madre, que, por supuesto nos contó. Yo le recordé aquel regalo que me hizo: un monito de peluche, una marioneta, que me trajo de África, donde yo creía que había hecho la mili, pero no, estuvo en el cuartel del Cid y en Almansa, pero sí había viajado a África con un pedido militar.
Fuimos hasta la casa de Laura, creo recordar, que una verja de hierro limitaba la entrada del resto del corral. Más estrecho que el de los tíos estaba más sombrío y fresco. Había un aire de elegancia, los objetos de la casa eran refinados. Laura me regaló una copa de cristal que aún conservo.
Nos encontramos con Eugenia, la madre de Celso, que tantas ganas tenía de conocer, desde que hablamos por teléfono. Se encargaba de unas ovejas y corderitos, que tenía en una cortina enfrente de su casa, mientras que el marido se ocupaba de las grandes con las que llegaría a casa al anochecer. Unas vecinas se nos juntaron al pararnos. Hablamos de la abuela Pascuala, cuando vivía en la casa del primo Aquilino, de Mateo, que vivía en Tudera, de su hermana que marchó a América y otra que murió. De los primos: Pepe y Ester, Nati y Sofía, que lleva el nombre de mi madre.
Seguimos admirando las costrucciones del pueblo, las puertas de las casas se adornaban con una parra que le hacía de marco, tampoco faltaba nunca la higuera.
Fuimos hasta la era, donde se hacía el baile el día de la fiesta. Allí llegaba el coche de línea y mientras que se bajaban los equipajes, mercancía y correos, mi padre entraba a la tienda de la Muda, de las gemelas, a saludar y tomar un refresco. Yo, por supuesto no me lo perdía. Había un sitio muy amplio para descargar el autobús, algo así como una era y aún está el garaje, donde dormía el autobús que de madrugada deshacía el camino hasta la capital. Mi primo José esperaba nuestra llegada con un carretillo y nos acompañaba a casa de sus padres.
Seguimos viendo el pueblo extendido en barrios, alternando casas con cortinas, fuentes y caminos sin asfaltar cubiertos de hierbas secas como de oro. Están preparando una casa rural. Es un extranjero, que se ha enamorado del pueblo. También hablan de otra persona que se ha instalado en él y que limpia de malas hierbas las calles y hace una buena labor. Belleza incombustible: Las paredes de los huertos, las fresnedas, las encinas, caserío e iglesia y el cielo azul y de noche plagado de estrellas.
El pueblo posee numerosas fuentes y puentes. Aún se usa el cigüeñal, sistema de riego, sencillo e inteligente, que suministraba el preciado elemento a cada huerto. Si la finca era grande, se usaba la noria, que movía el burro y con la que gozábamos la chiquillería.
Estuvimos con la nieta de Laura, Maribel, que se acordaba de que mi madre siempre le llevaba bonito con tomate a Laura por la fiesta. Yo también lo había guisado y siguiendo la tradición fui a obsequiarsélo.
Teresa recogió leche de casa de su vecino, el alcalde, que recordaba un viaje que habían hecho mis padres con él, cuando llevaba un viaje hasta Asturias el lunes y vuelta el martes. Quizá Matías les informó de esta posibilidad tan cómoda de venir a Argañín.
Ya era hora de cenar y nosotros no queríamos dejar de celebrar el cumpleaños de Sara, que había sido el día 21, así que estuvimos todos juntos en casa de Teresa y luego nos fuimos al baile, en la plaza de la iglesia.
Al día siguiente, domingo, día de la fiesta, estuvimos en la misa y la procesión. Al finalizar se dio a besar la reliquia del santo y primero las mujeres, luego los hombres, iban posando su limosna. Sentí no poder escuchar al hombre que tocaba la flauta y el tamboril, que aún anda por el pueblo y también eché de menos al sacristán, que con tanta severidad nos miraba cuando al retrasarnos nos incorporábamos a la procesión sin haber entrado en la iglesia, creo que con sus 103 años sigue tan pancho. La cofradía ofreció en la misa pan y vino al santo. Luego se reparte a los cofrades una botella con el membrete de conmemoración, en la Casa Cultural.
Después tomamos el vermut bajo la carpa, que había puesto el Ayuntamiento, admirando a todos los vecinos engalanados.
En la pared de la espadaña se juega aún al juego de pelota. Por la tarde jugaban la final, pero nosotros ya no estaríamos aquí. En el muro hay un asiento corrido desde donde se contempla, pero de niña andábamos tras la morera o al bar, que había enfrente a tomar un butano con una aceituna.
De aquí marchamos a la casa de Margarita. Mª Luisa me enseñó sus bonitas pinturas sobre tela, cristal, espejos y Nicolás recordó a mi hermana Pili y sus hijos, a mamá que le hospedó en casa de los de la joyería del Carmen. Ví la hermosa casa y huerta, conocí a las tres hermanas de Mª Luisa y a sus dos cuñados y saludé a su hermano el bibliotecario.
En la comida conocí a un matrimonio, amigos de mis primos, con los que negociaron ovejas en otros tiempos y que viven en Villardiegua. Conocieron a mis padres, en el año que habían cumplido las bodas de oro y deseaban que nosotros les visitaramos en el día de la fiesta de su pueblo o cuando pudieramos. Sentí que no vinieran a comer Pepe y Esther, a los que esperábamos, otra vez será. Comimos opíparamente, ensalada de arroz con frutas y frutos del mar, cochinillo y sandía. Después nos despedimos con la alegría de que pronto volveríamos a vernos.

21 agosto 2008

Mi amigo José y el Benabrín


Mirando esta foto de José Rojo, los chicos pequeños que están a su lado creo que son su hijo y su sobrino, el hijo de Emiliano y el jovencito era yo; los recuerdos bonitos de la infancia en Palacios de la Valduerna vuelven a mi memoria.

A pesar de la diferencia de edad siempre me ha unido una gran amistad con José. Cuando yo era pequeño, esperaba a que él pasara a trabajar por delante de la puerta de casa de mis abuelos. ¿desayunaste ya? -me preguntaba- yo asentía con la cabeza sonriendo-¡pues monta en el carro, que voy para el "Benabrín"! .

Los Fontanones, el Pedrón, el Benabrín, el Gamonal o las Adoberas, eran los nombres más comunes de los lugares, donde solía ir a trabajar la Gente de Palacios, pero a mi el Benabrín, me gustaba especialmente, porque mientras araban la tierra, a veces salían a la luz grandes trozos de piedras, que delataban los restos de un poblado ya desaparecido.

Mucho tiempo después, leí que, antiguamente, cerca de ese lugar había vivido una joven doncella, que era guapísima, tan digna de admiración y adornada de virtudes era, que durante la invasión musulmana del año 711, un joven caudillo agareno que pasó por el lugar, se enamoró de ella y la pidió matrimonio.

A ella le gustaba el joven caudillo, pero les separaban una serie de barreras casi infranqueables: la cultura, la religión, la guerra…. así que le puso como condición para desposarse, que adjurara del Islam y que abandonara las armas. Tanto era su amor por ella, que terminó cediendo a sus peticiones y no solo eso, sinó que además construyó un hermoso palacio al estilo de los de las Mil y una Noches para vivir juntos su amor en ese lugar que les había unido.

Así fue como en el palacio de Ben-Abrin vivieron los enamorados y sus hijos y después los hijos de sus hijos. Hasta que…. Muchos años mas tarde otro caudillo arabe, Almanzor pasando por aquí de camino a Santiago, contempló el palacio y quiso conocer la historia.

Cuando supo la historia del que consideró un renegado caudillo, montó en cólera y mandó destruirlo completamente y es por esto, que hoy encontramos unas piedras que ya no nos dan idea de su pasada grandeza. Sólo nos queda su sonoro nombre Ben-Abrin.

La historia no es mía, la cuenta Conrado Blanco, el cronista de la Bañenza en uno de sus libros, pero yo os la cuento aquí por si no la conocíais, con la esperanza de que os guste y de que os anime a contarme vosotros otras también.

31 julio 2008

El Río Curueño, 2008



Llegamos a casa de Luciana, para buscar a Tania y Primo a las 6 de la tarde, preparados con los bocadillos que pensábamos comer en el campo. Salimos de Villaquilambre, por la carretera paralela al río Torío, río de Tor y Orión, lleno de concomitancias antiguas, íbamos en dirección norte.

La montaña azulada por la luz de la tarde, contrastaba con un cielo brillante, nítida al sol, nos invitaba desde lejos. El pico Polvoreda o Correcillas, que brillaba con su cima piramidal acostada hacia el este, nos hizo recordar la hazaña de los vecinos de Correcillas, que dicen treparon con pedruscos para levantar los pocos metros que le faltaba al monte para alcanzar los 2000 y poder ser catalogado en los mapas con un punto geodésico. Más allá estaban las que formaban las famosas Hoces de Vegacervera y donde se esconden las admiradas Cuevas de Valporquero, pero nosotros no íbamos a emprender esa ruta, sino que, mirando el cordal que sigue al Polvoreda, nos dejaríamos seducir por las montañas que le siguen en la perspectiva, las de Aviados y la Vecilla.

Mientras rodaba el coche, mirando los lujosos chalets, con sus fincas de árboles frutales, salteados todo a lo largo de la carretera, nos parecía una lógica continuación de las numerosas villas romanas, que hubo en la antigüedad y que ahora son sustituidas por ellos, quizá de una forma atávica.
Fuimos recordando la herencia romana, no sólo en las ruinas de Navatejera, que acabábamos de pasar, sino en el nombre de los pueblos... y el más sonoro, quizá es Pardavé, "pueblo partido en dos por el río". Ahora le han hecho una carretera de circunvalación que ha terminado con la penosa travesía por el estrecho puente.

A la entrada de Matallana nos despedimos del río Torío, para tal y como habíamos pensado al ver las montañas a la salida de León, seguir el cordal a la derecha. El paisaje se abría en la Valcueva con un "Campo hermoso". No sólo el pueblo que lleva este nombre se muestra como un campo hermoso todo el territorio es feraz, con altos chopos y bosques de encinas entre prados y con los riscos de Aviados a la izquierda de la ruta.

Con dificultad se veía el castillo de Aviados, propiedad de la casa de Luna, que tuvo una gran importancia histórica en la provincia y eso nos dio motivo de conversación con respecto al apellido de Tania. Ella recibe el apellido por un descendiente que marchó a Brasil desde Portugal. También Uceda procede parece ser, de Burgos, de la Villa de Uceda, en la provincia de Guadalajara, de Villagatón en León, pero luego se difundió mucho en América.

Entre estos comentarios históricos llegamos a la Peña Morquera y hablamos de su influencia comercial antigua, bajo la protección de Mercurio, cuando los romanos tendían sus calzadas por allí. Después se recuperó a través de Valdecésar, en el camino de Santiago, en la Edad Media, cuando S. Froilán cristianizaba y repoblaba con cenobios estos territorios de frontera. Hoy en día es una senda escondida con un arroyo cantarín que desemboca en la cascada, tan conocida próxima al pueblo de Nocedo.

Al llegar a la Vecilla hicimos el giro a la izquierda siguiendo el río Curueño. Este río al que tenemos un cariño especial, corría brillando entre grandes piedras y arbustos sombríos. En su margen izquierda aún iluminaba el sol a árboles y montañas que estaban en sombra a la derecha y, las peñas en lo alto, a derecha e izquierda, resplandecían con la luz del ocaso.

Paramos frente a Montuerto para ver la Cascada, que viene de Valdecésar reuniendo humedades de Correcillas, Peña Valdorria, Morquera. En esta cascada te sientes como en un lugar mágico, al que acuden sin cesar niños y adultos, siempre encontramos a alguien conocido. Rincones llenos de alegrías, en los recodos del río las truchas se deslizan pausadamente ajenas a nuestras fotos y sorpresas.

Al pasar junto a Valdorria, recordamos la ermita de S. Froilán que allí se venera, en lo alto de la Peña, tras 365 escalones de piedra, que edificó el santo con ayuda de su burro primero y, tras comérselo el lobo, con la ayuda de esta alimaña.

Paramos en el abandonado balneario de Nocedo, que espera como el arpa, la mano que sepa sacar de él tanto lujo y placer, como dio en sus buenos años, en los que el aprovechamiento de aguas medicinales no iba como ahora, directamente al río. Claro que, aunque nos pese, esta situación tiene sus ventajas, pues los habitantes, los animales y plantas reciben estos beneficios gratuitamente y por igual, como es todo en la naturaleza gentil y generosa.

Empezamos el recorrido de las Hoces de Valdeteja, con su sorprendente zig-zag de montañas y río. La estrecha carretera compartía el pequeño paso en el fondo del tajo, que el río había oradado en la montaña. Las paredes calizas, agujereadas por hilillos de agua, dejaban colgar sus residuos minerales tiñendo la blancura del roquedo en distintos tonos gris-azulados. Se apreciaban erosiones de tiempos antiguos, de otras eras geológicas, en las que el río había hecho remolinos, que ahora parecían bóvedas elevadas. Por todas partes se veían entradas de cuevas, que mostraban de qué manera, aquellas duras rocas no eran más que esponjas comidas por el agua, tanto dentro como en su exterior.

Llegamos a una venta, que antiguamente fue villa romana "Masmino", luego poblado medieval, ermita y quizá monasterio, pero que ahora todo eso queda reducido a una cruz en su recuerdo. La venta es, claro está, una casa rural y muchos coches aparcados daban cuenta de lo necesario que es hacer paradas en estos lugares tan hermosos.

Seguimos un poco más allá, donde sale la desviación para el pueblo de Arintero. Aquí era obligado recordar a la Dama de Arintero y su historia atrevida. Existió realmente la heroína que va a la guerra disfrazada de varón, para sustituir en sus obligaciones a su padre anciano, el conde García, que sólo tenía hijas. Se llamó Juanita García y sirvió a los reyes católicos en sus luchas contra la Beltraneja, tanto en el cerco de Zamora en 1476, a cargo del propio rey Fernando, como en el frente de Toro, en Pelea Gonzalo, bajo el pendón morado de S. Isidoro. Después de esta victoria fue descubierta: -¡mujer hay en la guerra!, gritaron y a la que era conocida bajo el nombre del caballero Oliveros se la dejó libre de armas y con privilegios y dineros que llevaría a su casa.

Volvimos a nuestra ruta para buscar la amplitud del valle, que nos fue dado contemplar en Tolibia. Los prados se extendían a las márgenes del río y los rayos del sol caían sobre ellas filtrados por las hojas vacilantes de los chopos, las fresnedas y los salgueros, que se alternaban entre las sebes. Nos acercamos a rendir homenaje al maestro, que tiene un busto que el pueblo le hizo en agradecimiento, porque estos detalles son muy de admirar.

Hubieramos seguido a Valdelugueros, cápital del valle, cabeza de Tercia, tierra de los Argüellos, cuyas casas se veían a continuación, desde la explanada de la iglesia, pero ya de las nubes bajaba el Cierzo, como una cortina espesa, posando sobre las casas su niebla húmeda y fría, con lo que nuestra retirada fue eminente.

A pesar de la grandiosidad de la naturaleza y de la riqueza que ella encierra, para que los hombres la puedan extraer, se necesita bravura. El rigor del clima y la aspereza del terreno han obligado a muchos, a abandonar estas tierras y sólo algunos habitantes, apodados "Los bravos", como el título de la novela que aquí se desarrolla, continúan intrépidos apostando por sus recursos naturales.

Enseguida estábamos en el camping de la Vecilla, comiendo el bocadillo. Mirábamos la ribera del río recordando la obra "El León de España", de Pedro Becilla Castellanos, hermosa narración de Porma y Curueño, los ríos que corren por esta zona y que recuerdan a dos personajes astures que lucharon contra los romanos.

La bella Porma es raptada la víspera de sus esponsales y se inician una serie de escapadas y luchas. El aguerrido Curueño lucha para liberarla. No pudo ser, murieron en la sangrienta refriega. Sus cuerpos alejados, sólo convirtiéndose en ríos pudieron juntarse, al encontrarse en Ambasaguas, pueblo cercano al Barrio de Nuestra Señora.

cartel de la casa del Escritor del pueblo CervantesEl libro de "El León de España", fue muy famoso en su época y D. Quijote lo tuvo en su biblioteca, pero se fue al fuego en un apresuramiento, porque no llegó a ser visto por el cura y el barbero, como puntualiza Cervantes en su obra inmortal.

Verdaderamente sorprende la erudición de Cervantes, conocedor de tantas  historias  del antiguo reino de León. Quizá sea debido, como Cervantes dice, por boca del personaje del Cautivo, porque nació o tuvo su origen "en las montañas de León" y una parte de los investigadores defiende esta procedencia. Ved nuestros estudio sobre El Quijote en el Reino de León.


En el frescor de la ribera nos detuvimos hasta que se oscureció. Fuimos a la cafetería para entrar en calor, antes de iniciar el viaje a casa.

Se habían encendido las luces de la calle y aunque había luna llena, no la vimos brillar roja y hermosa, hasta llegar a León.