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Texto y fotos de Rosa Fadón y Rafael Cid
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Llegamos a Senra, al final de nuestro recorrido de hoy.
Para comer, como siempre, en el Restaurante “Cumbres de Omaña” que regenta Pedro Pablo.
Es una casa de arquitectura tradicional omañesa. Tiene una situación magnífica, en el cruce hacia Murias y la entrada de Senra. Yo recordaba mis viajes de lunes en madrugada ver allí al camión de la leche parado a recoger las cántaras de la vecindad. En el libro de Julio Alvz Rubio: "Laciana, un otoño", explica las labores de la leche que fueron consustanciales a esta tierra.
El local es muy atractivo, el comedor, con su chimenea de llamas danzantes, proporciona un calor acogedor, la mesa y mantel cuajado de detalles elegantes.
La cocina dispone de amplia oferta de muy buena gastronomía. Comimos garbanzos con langostinos, filetes de cerdo al horno, con una salsa exquisita, los postres también son caseros. Le faltó el café irlandés, pero tengo que decir que hace muy buen “carajillo”.
Quiso la casualidad que en el Diario de León de ese día, 30 de abril, dedicaran un extenso articulo al Restaurante “Cumbres de Omaña”, explica: “todo un referente gastronómico, que ha hecho del menú un autentico manjar”. Lo dice el periódico y es verdad.
Ved aquí álbunes de fotos de Omaña:
Texto y fotos de Rosa Fadón y Rafael Cid
Seguimos nuestra ruta por el Valle Chico y nuestra primera parada fue junto al desvío al pueblo de Sabugo, que está a la izquierda de la carretera que comienza en Omañón y que acaba en Senra.
Llegados a este punto os voy a contar un secreto: Rosi tiene mucho interés en visitar este paraje porque se apellida SABUGAL, que parece significar lugar de sabugos, saúcos o sabugueiros. A pesar de que su apellido procede de Barrios de Gordón, según la heráldica del libro citado, “Nobiliario de la montaña de León", desea conocer este hermoso pueblo.
Así que ¡Voila!
Dicen que el pueblo posee un magnifico robledal que se llama "abesedo u osedo" por si acaso hay algún oso en el bosque, hablaremos bajito para no molestarlos.
Todo nos indica que estamos en un lugar de una magnifica calidad ambiental, perfecto para dar un paseo por entre estos prados regados por profundos regatos y contemplar en las lomas los bosque de robles. La sensación que se percibe al acercarse al pueblo es de una gran paz.
La primera edificación que nos encontramos, es la escuela y adosada a ella está la iglesia. Felipe Almarza nos explicó luego, que hubo una Venta y Parada de Postas, según el diccionario de Madoz y que las ruinas se encuentran antes de llegar a la escuela, en el paraje denominado "los Jardines". Nos imaginamos a las gentes de otros tiempos, disfrutando de estos jardines, descansando de sus viajes o realizando sus negocios allí.
La escuela se encuentra desafectada del Ministerio de Educación y ahora la Junta Vecinal se encarga de su mantenimiento y se está rehabilitando como centro social del pueblo y como vivienda para alquiler.
Nosotros seguimos adelante después de santiguarnos.
Vemos entre flores amarillas en la pradería un curso de agua y nos explicó luego, Felipe :
-el canal no corresponde a un molino, si no a un canal de riego a prados.
A la izquierda hay una casa, que posiblemente haya servido de pajar cuando el pueblo estuvo rebosante de gente y de ganado. Nos llamó la atención el tradicional cuelmo de ramas de la parte de arriba.
Nos explica Felipe:
- el arroyo que pasa por el pueblo viene nombrado geográficamente como "arroyo de Sabugo". Deciros que Sabugo dispone de molino y al tiempo, de fábrica de luz, la cual se encuentra en el rio "Grande", que así lo nombramos los del pueblo, pero que geográficamente viene denominado como "rio de Sabugo". No confundirlo con el arroyo de Sabugo, que es el que pasa por el pueblo y la ubicación de uno u otro es distinta.
Pasa por debajo de un pajar y al lado de una cuadra, que corresponden a una vivienda, por eso tiene una estructura muy particular. se trata de La casa de "Pantaleon".
Parece que fue una casona importante. Todavía, a pesar del desuso, se mantiene hermosa y nos entretuvimos haciendo varias fotos.
Las casas del pueblo son de gran tamaño, de buena piedra renegrida, con buenos portalones, hasta algunos defendidos con su propio tejado.
Algunas casas perdieron la vistosidad de sus fachadas de piedra, al ser revocadas en blanco, pero aún delatan su hidalguía las piedras sillares que rodean puertas y ventanas.
Se pueden ver que hay algunas casas separadas por pequeños callejones, con lo que aseguraban antaño la independencia de cada propiedad. En Omaña estos callejones de denominan como "cañales, el cañal, cañalones"
Aunque no mantienen el empaque de las casas antiguas, hay buenas casas reformadas, que aguardan la llegada de sus inquilinos en días festivos o vacaciones. No vemos ningún bar abierto en esta época del año, así que nos detuvimos en la fuente de la plaza del pueblo, para recargar la cantimplora y echar un trago de agua fresquita.
Seguimos hasta el final del pueblo y nos hicimos unas fotos en un rústico puente de bonitas barandas de madera, que nos ayudó a vadear el río y volver sobre nuestros pasos, aunque también podíamos haber seguido una senda de montaña aparentemente en buen estado.
No sabíamos bien qué dirección tomar y estábamos en esas divagaciones, cuando apareció “Chisco” un magnífico perro pastor alemán, para sacarnos de dudas. Aunque no te den miedo los perros, en estos parajes solitarios, siempre hay que mirarlos con precaución, pero Chisco tras olfatearnos, nos dio su beneplácito, resultó tan cariñoso, que enseguida nos hicimos amigos.
Chisco parecía querer decirnos:
-Venid conmigo a saludar a mi amo- y como no habíamos encontrado ni un alma desde que llegamos, decidimos seguirle y él nos condujo hasta Felipe Almarza, que estaba cuidando de una hermosa yegua, que acababa de parir. Vedla aquí con su cría, ¡qué preciosas, qué suerte verlas!
Empezó a hablarnos con tal cordialidad, que cuando tratamos de presentarnos, dijo que nos conocía por nuestros escritos, que leía en el Facebook de Omaña.
Entonces nos contó muchas cosas interesantes de la montaña, sus bosques, con fantásticas rutas por caminos antiguos que cruzan a otros valles y permiten vistas desde impresionantes alturas; trabajos y dificultades para cuidar el río, el pueblo, el ecosistema y la recuperación del patrimonio; pero sobre todo de la ganadería, que había sido el quehacer de su familia en Sabugo y el suyo propio, un joven emprendedor que dejó otros trabajos para afrontar la soledad del pueblo.
Felipe es un apasionado de los caballos y enseguida nos explicó las características de las distintas razas que tenía: - Ese que está ahí es un hispano-bretón y vienen a comprárnoslos de varios países de Europa. Estamos trabajando para consolidar la raza, llevamos cuenta de su progenie.
Yo que soy del bachiller antiguo, le pregunté incrédulo: - ¿Anda, no sabía que ahora también ellas estudian el PREuniversitario?”
- ¡No hombre, PRE quiere decir: pura raza española”! Es tarea de los ganaderos mejorar la raza y llevar cuenta de sus padres.
No le preocupó en absoluto que lo estuviéramos entreteniendo Hablamos de cuántos vecinos había en el pueblo los fines de semana o los que venían en verano y todavía tuvo tiempo para indicarnos que nos podíamos encontrar con el resto de sus caballos que pastaban más arriba, si seguíamos esta ruta.
Da mucho gusto encontrarse con gente tan acogedora como tú, Felipe. Esperamos que tu iniciativa anime a otros muchachos a emprender su propio negocio y puedan vivir en libertad, en un medio natural tan maravilloso. Que la montaña viva, porque como dice nuestra canción "Que si la montaña muere, España perdida es!
Antes de despedirse encargó a Chisco, que nos acompañase durante el resto de la ruta. En la que vimos una fuente que si no es la de “las Piedras blancas” se le parece mucho.
Y una cascada con dos saltos, que aunque no sea la de “los Fumos” también es muy bonita. Esta es más pequeña, pero está en un prado más abierto y contrasta con el verdor de la hierba y el robledal que hay más al fondo.
Se nos había hecho tarde y empezaba a lloviznar, teníamos miedo de que no nos recibieran en el restaurante, así que nos despedimos de nuestros vecinos excursionistas, deseando volver lo antes posible. ¡Hasta pronto, amigos!
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Ya hace tiempo que queríamos visitar los pueblos del Valle Chico, así que hoy comenzamos nuestra ruta con parada y fotos en Omañón, Sabugo, Rodicol, Villabandin, Lazado y Senra, bueno, hasta donde nos dé tiempo de llegar.
Siempre me han llamado la atención las espadañas sin iglesia, que parecen estar situadas en un antiguo castro, del que sobresalen algunas ruinas, desde donde se dispone de una amplia perspectiva y la posibilidad de emitir mensajes a la lejanía. Ya habíamos estado, en la de Vegarienza, así que aprovechamos para subir a echar un vistazo y comprobar que, efectivamente es un punto estratégico, desde el que se contempla todo el valle y como dice D. Julio Álvarez Rubio el toque, no solo servía para llamar a misa al vecindario
si no también para avisar de las catástrofes naturales y de los servicios comunales, se oiría desde este lugar tanto en el valle grande como en el chico.
Contemplando el paisaje desde esa altura se nos antoja también que nuestros antepasados prerromanos le dieron un uso defensivo y de vigilancia o para refugiarse aquí en caso de ser atacados y que junto a la espadaña hubo un castro.
Desde lo alto atisbamos a ver una ermita y el cementerio, que está junto al río Sabugo.
Bajamos a visitarla más de cerca y a pesar de su abandono, pudimos experimentar la sensación de paz que se respira en estos enclaves, en la soledad, junto al rumor del río, rodeados de verdes valles con frescos pastos y frondosos árboles en el bosque de ribera.
Volviendo a la carretera vimos una fuente, paraos a echar un trago pues dicen que da la mejor agua del mundo.
Junto a ella, un poco más adelante hay un molino, ya en desuso, que parece en vías de restauración, tal y como suelen hacer la gente de los pueblos, para preservar su patrimonio etnográfico.
Además del ya citado libro de D. Julio, nos habíamos pertrechado con el “Nobiliario de la montaña de León“ del Sr. Sánchez Badiola (Pág. 266) que nos informaba de la existencia de dos escudos en el pueblo: uno en el callejón del Resbaladero.
El Callejón es difícil de encontrar y nos costó hacer varias visitas al pueblo. Una vecina nos informó:
- Sale casi enfrente de la fuente, que está en la carretera.
Es una casa noble, en piedra, grande y alta, pero la fachada que da a la carretera está blanqueada. Perteneció a los Fernández de Marzán que habían participado en la batalla de Toro en tiempos de los Reyes Católicos.

Aquí veis el escudo en la altura del edificio:
En esta foto se aprecia con detalle:
En 1649 Pedro Fernández se casó con Estebana Álvarez que era de Omañón y tuvieron siete hijos. Como curiosidad os contaré que uno de sus descendientes se casó con Rosa Prieto en Palacios de la Valduerna, que es el pueblo de mi padre. Conocer este dato supuso un guiño para mí, pues mi abuela se apellidaba Fernández.
El segundo escudo pertenece a los González. Se encuentra en la fachada de una casa en la carretera, a la derecha según se entra en el pueblo. Dice Julio Alvz Rubio, p116 en el libro "Omaña, pueblos, paisajes y paseos" que bajo el yelmo tiene la fecha 1779 y en la divisa dice:
"ESTAS ARMAS Y BLASON DE LOS GONZALEZ SON. SU ORIGEN BIENE DE LOS CONDES Y REIES QUE UBO EN LEON"
Las familias nobles poblaron todas estas montañas, demostrando su fuerza y bravura, su sentido del deber y del honor, su orgullo de pertenecer a antepasados que les dieron la energía de su personalidad.
¡Esta es la ortografía original, aunque no es correcta para la Academia de la Lengua actual, no vayáis a equivocaros!
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Siguiendo nuestro caminar por el Valle Chico, llegamos a Villabandín.
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