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24 marzo 2012

Monasterio de Samos. Homenaje a los Hospitaleros

El domingo los Amigos del Camino de Santiago de las distintas Asociaciones y de la Federación nos desplazamos a Samos.

Monasterio de Samos

Se inauguraba una placa de homenaje a los hospitaleros voluntarios, colocada frente al albergue del Monasterio.

Monasterio de Samos

Como era de esperar, asistieron diversas autoridades y el prior del monasterio, que acabado el acto, nos acompañó para enseñarnos y guiarnos en su hermosa, enorme y fría casa.

Monasterio de Samos

Primeramente pasamos a conocer la Exposición que se había preparado con ocasión del aniversario del Monasterio de Cluny, en Francia.

Luego visitamos las dependencias monacales y el prior alternaba la explicación histórica y artística con el gracejo de anécdotas y curiosidades, haciendo las delicias de la audiencia.

Monasterio de Samos

A la hora de la comida, A Veiga estaba a rebosar de comensales celebrando la fiesta de S. José, el padre del hijo de Dios, modelo y protector de todos los padres del mundo.

Monasterio de Samos

Pero los dueños del hotel-restaurante son como magos, que lograron acogernos a todos y tuvimos tres primeros platos, que todos pudimos probar y un segundo de rollo de carne guisada, con exquisitas verduras y patatas fritas.

Monasterio de Samos

Luego nos fuimos a casa por el Cebreiro, admirando los hermosos montes blanquecinos,por el suave polvo de nieve, que estaba cayendo unos minutos antes.

Monasterio de Samos

Nos paramos en el Alto de S. Roque, para hacernos la foto con el peregrino de bronce, que sostiene su sombrero batido por el viento huracanado de esas alturas, mientras el sol sale y se pone siempre en su presencia.

Monasterio de Samos

15 enero 2012

Monasterio de Samos

Como si de un regalo de Reyes se tratara, así fue de agradable y sorprendente la visita a Samos, que hicimos acompañados de dos personas de excepción, Luis y Félix.

Amigos de la Asociación del Camino de Santiago de León, Luis y Félix son peregrinos y hospitaleros de Samos. Tienen allí su segunda casa, tal y cómo nosotros hemos visto, pues conocen a mucha buena gente y hemos sido obsequiados deliciosamente, por ser sus acompañantes.

Todo el tiempo hicieron de guías enseñándonos y explicándonos cada lugar, sin perder detalle.

Nuestra primera parada fue en la rotonda de Piedrafita, ante la estatua del peregrino, donde nos hicimos la primera foto, de las muchas que iban a inmortalizar cada momento:

O Cebreiro

En el Cebreiro nos tomamos nuestro tiempo, para husmear cada rincón del pueblo.

Todo él es un monumento, con sus casas blasonadas, pallozas, calles empedradas, cafés, hoteles, tiendas de recuerdos y sobre todo la iglesia y los sorprendentes paisajes que se observan desde su elevado emplazamiento.

O Cebreiro

Nos paramos a realizar un silencioso homenaje a Elías Valiña, en el monumento que está entre la Hospedería y la Iglesia.

Elías Valiña, párroco de O Cebreiro, fue el primero en creer en la importancia del Camino de Santiago en la formación europea.

Cuando Valiña comenzó a promover el Camino de Santiago, estaba prácticamente intransitable. Él fue el primer estudioso serio de la ruta medieval a la que dedicó su tesis doctoral, leída en 1965 en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Cuentan que una vez lo paró la Guardia Civil en un recóndito lugar de los Pirineos. Extrañados por la figura del cura dibujando unas llamativas flechas en un paso fronterizo, utilizado a menudo por eta, los agentes le reclamaron una explicación:
"Estoy preparando una gran invasión", les contestó Valiña.
El tiempo le ha dado la razón.

O Cebreiro

Llevó su entusiasmo por todos los municipios por los que pasaba el Camino francés. Hablaba con expertos de cada zona, con otros párrocos, alcaldes, para convencerlos de la necesidad de proteger el Camino de Santiago. Poco a poco fue tejiendo una red de colaboradores, de la que nacerían las diferentes asociaciones de amigos del Camino existentes en España.

Para saber más sobre Valiña pinchad aquí:

Más enlaces sobre Elías:

Después visitamos la iglesia, conocida por el Milagro de la Transustanciación, rezamos a la Virgencita románica y recibimos de los franciscanos que atienden el templo, las guías y estampitas. Admiramos todos los detalles y el nacimiento.

Seguimos viaje, por esas carreteras de montaña, llenas de curvas sombrías y heladas, en las que no hay más remedio que alentar a los peregrinos con un saludo de claxon, pues lo merecen su resistencia y tenacidad. 

Volvimos a apearnos en el Alto de S. Roque, para junto a la estatua del peregrino fotografiarnos de nuevo.

Alto de S. Roque

También inmortalizamos las panorámicas de montañas con nieblas, semiocultando pueblos y a los valles, que nos aguardaban en la bajada.

Alto de S. Roque

Cuando llegamos a Samos fuimos directamente a la abadía. Aquí os dejamos su página web, que es muy interesante:

Visitamos el albergue de peregrinos, que nuestros amigos iban a adecentar antes de que se abriera próximamente.

Mosteiro de Samos

En él, admiramos las pinturas que reproducen el Calendario Románico del Panteón de San Isidoro de León, que fueron ejecutadas por ellos, con la colaboración de Juan Carlos, otro Amigo de la Asociación, también muy querido allí.

Luego iniciamos la visita del monasterio, rodeándolo, contemplando su gran tamaño, la huerta y el río que lame sus muros. Desde el mismo balcón, el monje podría ensartar las truchas que aún se ven en su límpida agua.

Mosteiro de Samos

En el interior nos cautivaron la grandeza de la iglesia, la sacristía, los dos claustros... En uno de ellos se encuentra la estatua del Padre Benito Jerónimo Feijó, uno de los monjes que llegó a adquirir fama universal y en el otro, la también famosa fuente de las Nereidas, con su cuerpo de serpiente y grandes pechos.

Mosteiro de Samos

Aún puede verse la puerta románica de uno de los primeros templos del monasterio.
Su fundación debió de ser en el siglo VI, posiblemente por San Martín Dumiense. La lápida de S. Ermefredo, obispo de Lugo, da fe de su restauración en el siglo VII.
El Monasterio de Samos fue protegido por el rey Fruela I, cuya efigie se encuentra en la iglesia,

Mosteiro de Samos

que asignó un coto en estas tierras a monjes mozárabes que venían de Al-Andalus.

Después también lo protegió su hijo, el rey Alfonso II el Casto, cuya efigie también se encuentra en la iglesia. Personaje importante en el Camino, al ser en su reinado el descubrimiento del sepulcro del apóstol y por tanto el primer peregrino y gran difusor.

Mosteiro de Samos

Pasó su infancia en este monasterio, junto a su hermana Jimena, protegido por los monjes, tras el asesinato de su padre, cuando también su vida peligraba por las continuas conspiraciones del recién nacido Reino Astur.

Mosteiro de Samos

Seguimos la visita por las dependencias más emblemáticas, como son, el "salón del piano o de recepciones", la biblioteca, la botica, el refectorio o la sala capitular, transformada ahora en oratorio, que conserva el retablo del Salvador o ermita del Ciprés y unos interesantes iconos realizados por una monja benedictina de Madrid.

Después del incendio de 1951, en el que el monasterio fue pasto de las llamas, se restauró el edificio, pero supuso una pérdida irreparable para la biblioteca. La botica pasó al pueblo en tiempos de la exclaustración y ahora sólo se usa para ser visitada por el turismo.

Mosteiro de Samos

Para que ahondéis en el arte de la abadía podéis consultar esta página:

Nos llamó poderosamente la atención las pinturas que adornan el claustro alto, pintadas por artistas contemporáneos. 
Podéis verlas detenidamente en nuestro album de fotos, aquí:

Mosteiro de Samos

Cuentan la vida de S. Benito y entre el grupo de personajes que le acompañan se retrataron personajes de la época.

Nos indicaron el retrato del poeta Ramón Cabanillas, que estuvo en el monasterio y al cual dedicó esta poesía:
...
Xardíns saudosos, bóbedas e arcadas,
pedras orantes, como mans alzadas
en secular visión contemplativa;
tazas da fonte en que repousa a pomba
cruzando os tules da celeste comba
sedenta de ágoa viva!
...

Mosteiro de Samos

Aprovechamos el lunes, que era la fiesta de S.Julián, patrón del monasterio, para celebrarla con los monjes.

Festividad de S. Julián

Estuvimos en la misa mayor y en la procesión por el claustro alto y hasta comimos con ellos y autoridades y amigos.

Ved nuestro reportaje fotográfico aquí:

Estamos muy agradecidos a Félix y a Luis, que nos mostraron todas las delicias de Samos y alrededores y a tantos amigos, que nos presentaron y nos trataron con cariño. Esperamos volver porque ¡vale la pena!

13 enero 2012

Cocina gallega

En Pontenova, a la salida de Samos, hay un restaurante que está decorado con platos de todas partes del mundo.

Pontenova, Samos

Tiene dos comedores con las paredes cubiertas con platos típicos de los lugares más conocidos y recónditos del planeta y algunas fotos de famosos recomendando su buena cocina.
Ahí leyó Rafa a Xavier Cugat, que entusiasmado con el churrasco, hasta hizo un dibujo con su firma.

Pontenova, Samos

Por supuesto, Rafa pidió churrasco y yo anguilas que, minutos antes, nadaban en el pilón del patio de verano.

02 diciembre 2010

Galicia, Orense, Liñares

Hemos hecho un viaje a Liñares, la aldea de la familia materna de mi marido. Debería decir de Celia, la madre de Rafa, pero ahora que ella no está, se siente una triste soledad citándola.

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La prima Asunción nos recibió en su casa de Orense, nos obsequió y nos acompañó en todo momento, conduciendo su coche, como una fitipaldi. Pudimos conocer a su amiga Pati, pasamos una velada inolvidable.

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En la aldea la prima Perfecta hizo los honores, con sus atenciones de siempre, en las que no faltó el caldo gallego y las fillogas.

La fuente de Liñares

Charlamos con los primos Camilo, Pedro y sus familias. Aunque no tuvimos mucho tiempo fue una excursión imprescindible.

El Miño y su ribera.

Al regresar, en el viaje en tren, disfrutamos de una bellas vistas del río Miño, primero y después en el Sil. En el puerto nos embelesamos con las montañas semicubiertas de nieve polvo.

15 abril 2006

La Coruña y Las Fragas del Eume

Aquella mañana del año 2003,con mucha alegría tomamos el camino de Santiago. Íbamos saliendo de León, por el Camino de Santiago, reflexionando en su fuerza, aunque cómodamente sentados en el autobús y desde él, siempre asomados a la ventanilla, contemplábamos cómo nos alejábamos de la ciudad de León con su catedral sobresaliendo por encima del caserío, blanca como una llama de plata.
Luego al acercarnos a Astorga, la estampa del valle, con el cerro en el que se alza la ciudad y dominando todo, la catedral sonrosada, constituía un espectáculo hermoso en esta mañana de verdor primaveral. Nos mandaban sus rumores los altos de los montes, primero el señorial Teleno, luego los Aquilanos, con la Aquiana mirando a Ponferrada y después las redondeadas elevaciones que ascendían al puerto del Cebrero, monumento natural en el que nos sentíamos parte, pequeña, pero fundamental, en el desarrollo de este camino santiagueño tan universal y personal a la vez. Y ya entrábamos en Galicia...Teníamos ganas de realizar esta excursión a las Fragas del Eume, parque natural privilegiado, en el que la naturaleza vegetal y las aguas sonoras del río son capaces de trasportarnos a un verdadero paraíso.
El término de fraga significa en gallego bosque. Bosque autóctono e intrincado de vegetación y de vida campesina, como el descrito por Wenceslao Fernández Flórez en su obra El bosque animado, que se llevó al cine con éxito, por el buen hacer de nuestros actores españoles.
La Fraga del Eume ha sido catalogada como una de las selvas atlánticas caducifolias mejor conservadas de Europa y de las más extensas de Galicia. Descendimos desde la carretera por una senda zigzigueante entre arbustos y árboles caudales. La espesura de la capa vegetal en el primer tramo del recorrido es abrupta e intrincada.
Cuando era más enmarañada la trocha, nos dimos de bruces con la iglesia de piedra o lo que quedaba del suntuoso monasterio de S. Juan de Caaveiro(s.XII), que, como si de un ser humano se tratara, trepaba sobre un pequeño montículo, señoreando desde el corazón mismo de la fraga. Aquí, en el siglo X, llevó su vida de oración S. Rosendo, obispo de Dumio, fundador de sangre real, hijo de santa Ilduara, hermano de santa Adosinda. En este cenobio, no lejos de castros celtas y restos romanos, entre fragosidades y gargantas, se recibió a Alfonso VII, floreció una culta colegiata y se vivió entre esplendores y desgracias hasta que la desamortización lo llevó a la ruina.
Parecía abrirse al paisaje, edificando su espadaña-torre como puerta a los vientos, como arco triunfal en la mitad de una angosta vía.
Buscando el ambiente por donde anduvieron los monjes, investigamos los alrededores, llegando a contemplar el molino que, aún ruinoso,
marcaba un recodo bellísimo, con la proximidad del alto puente de un solo arco. El lugar parecía similar al de Los puentes del Malpaso, que salió en la última revista, como podéis apreciar. Revivíamos el murmullo del agua en los saltos del río, que se sucedían sobre las piedras.., la luz tamizada por las vibrantes hojas de los árboles, el ojo del puente mirándonos socarrón.
De allí fuimos a encontrarnos con el ancho lecho del río, disfrutando de una senda turística pavimentada y llana que avanzaba paralela a la calmosa marcha del río Eume. En su quieta superficie espejaba la vista de robles rebojos de hoja grande y tierna, de acebos brillantes, avellanos de largos dedos, alisos, castaños frondosos, abedules centelleantes... Junto al agua, el bosque de ribera dotado de laureles, madroños, arces, tejos y olmos...
El guía nos contó la riqueza del parque por las diferentes clases de helechos y hiedras, por la riqueza faunística: las aves, algunas acuáticas, los peces y hasta raros insectos.

Para la comida regresamos al hotel Rías Altas, situado en la Playa de Santa Cristina, que nos ofreció la posibilidad de utilizar sus instalaciones deportivas. Otros paseamos por la playa o nos acercamos al núcleo urbano de Perillo-Oleiros o nos fuimos en el autobús hasta Coruña.
A la mañana siguiente todos estuvimos en la Coruña para mirar la costa desde el emblemático faro de Hércules, para admirarnos de la mejora urbanística de la zona deportiva, para desear la visita del museo del mar o del Domus, la casa de las ciencias. Fuimos a callejear por la zona de copas, sin olvidarnos de degustar los típicos productos gallegos, a fotografiar a María Pita y su plaza Mayor, a pasear la zona portuaria con sus jardines, contemplando el parterre del reloj... A compartir con los compañeros comentarios sobre las casas acristaladas y su arquitectura modernista...y otros puntos de vista sobre el trabajo y el ocio, la vida y la muerte, sobre la alegría y el dolor, sobre todo lo humano y lo divino.
Y tras comer en el hotel, despedida, siempre triste y más en la tierra de la saudade, nos gustaría quedarnos, pero nos conformaremos con regresar y reencontrarnos.
Para saber más:
http://www.xunta.es/conselle/cma/montes.htm

08 febrero 2006

Amigos en Guitiriz

Jesús Martín & Rafa

Siempre me ha gustado el ambiente tranquilo y relajado de los balnearios, por eso cuando UCECA propuso la excursión a Guitiriz lo primero que hice fue interesarme y visitar en internet la página. www.guitiriz.com/de/lamari/teveo.htm Muy completa, con datos históricos, artísticos, rutas de senderismo... Soñé entonces con hacer una escapada por "sete muiños" y perderme entre el murmullo del agua de los ríos o pasear por las calles de Guitiriz, la antigua Witerici o Viterico, llamada así en honor del rey suevo fundador de la villa en el siglo VI.
Pero... Dice el refrán que el hombre propone y Dios dispone, tuve que conformarme con visitarlo solamente en internet, en su página www.hesperia-balneariodeguitiriz.com y hacer un recorrido virtual por sus instalaciones.
Allí decía que fue reinaugurado en junio de 2003 con el nombre que tuvo en su inauguración del año 1908: Gran Hotel Balneario de Guitiriz, uno de los mejores de Galicia. Las propiedades curativas de las aguas de San Juan de Langostelle, ya se conocían de antiguo para curar enfermedades del hígado, aparato digestivo,, hipercolesterolemia, diabetes, dermatología...En fin, D. José Lázaro, médico cirujano del Hospital de Santiago recomendó estas aguas con fines terapéuticos allá por el año 1850.

Y me dijo un pajarín que:
"Las instalaciones del balneario son modernas y limpias. El entorno muy agradable para darse unos buenos paseos.
En cuanto a las aguas del balneario los tratamientos especiales que ofrecían, algas, masajes, lodos, por los comentarios que se oían, merecían la pena y solamente por el disfrute de las piscinas, con todo tipo de chorros, merece la pena desplazarse hasta este hermoso lugar.
Hablando de gastronomía, en Guitiriz son famosas las tortas de maíz por su calidad artesana.
El Sábado por la tarde, y con el inconveniente de la lluvia, que cayó con ganas y deslució la visita, parte del grupo se desplazó a Lugo, donde se pudo disfrutar de su zona monumental, ceñida por las murallas.
Un pequeño inconveniente para los amigos futboleros, fue que, en el Hotel, no hubo posibilidad de presenciar el partido Madrid-Barcelona, pues no conectaron con la cadena que realizó la transmisión. El desplazamiento al pueblo, distante unos dos kilómetros y por un camino sin ninguna iluminación en una noche bastante cerrada, se hacia poco menos que intransitable, no obstante, hubo alguno o alguna que corrió el riesgo para presenciarlo.
Los pocos ratos libres, se pasaban jugando una partida a las cartas, al billar, leyendo algún libro o periódico o bien paseando, disfrutando de una buena charla sobre las peripecias del día, vamos, agradablemente, como siempre."

23 enero 2006

Galicia, Lugo, Los Oscos, Asturias, Taramundi,

Hicimos un viaje en agosto del 2000 y ahora os contaré. Llegamos a Lugo en un buen día de sol y fue una delicia recorrer la ciudad de aquí para allá. Nos alojamos en el Gran Hotel de Lugo y desde allí empezamos a conocer todos los rincones, desde el barrio moderno hasta la muralla, sorprendiéndonos por su recuperación y disfrute ciudadano.
En la catedral, triunfa el fervor a la Eucaristía, ya en su retablo mayor está expuesto el Santísimo y este símbolo aparece en el escudo de la ciudad. Encontramos cierta semejanza con León, donde permanentemente se venera este Sacramento en el románico templo de S. Isidoro. La semejanza entre estas dos antiguas ciudades se acentúa al analizar diferentes detalles. Por ejemplo al visitar la capilla de S. Froilán, patrono de ambas. El santo eremita nació en Lugo y ejerció su influencia en varias partes del antiguo reino, en León y en Zamora, con su compañero S. Atilano.
Con respecto al nombre de Lugo y León, de las dos ciudades se ha dicho que proviene del término celta del dios Lug.( lo de legio para León, sería una superposición, ya que, continuamente se hallan vestigios arqueológicos, que suponen el origen de la ciudad mucho más antigua a la época romana y de la fecha de ubicación de las legiones).
Visitando la catedral nos detenemos en el ábside, sorprendidos por la majestuosa capilla de la patrona, “la Virgen de los ojos grandes”. Es una talla románica enmarcada entre angelotes, en la que la vista, sentido tan próximo a la luz, sugiere la permanencia subsconsciente de antiguos cultos. En la puerta norte aún pervive una entrada románica de la primitiva catedral, hay sillares con inscripciones o dibujos que presuponen influencias mitraícas. Sentimos intuitivamente, cómo sobreviven, palpitando tímidamente, los ritos a la luz o los ecos esotéricos del caldero de Lug o del grial, algo que suena ya desde la entrada a Galicia por el puerto del Cebreiro.
Aunque a marchas forzadas, obligados por dos horas de retraso, ante la lentitud del servicio del restaurante, visitamos el museo provincial.
Nos sorprendió este magnifico museo. El patio inaugurado últimamente, con sus mosaicos romanos, cuenta las riquezas de esta civilización, que permanece viva por doquier, a través de topónimos, a menudo relacionados con el oro y otros metales. Riquezas mineras, que ya extraían los pueblos prerromanos y que obligaron a los invasores romanos a tantos años de luchas, dedicación de altos generales, ingenieros y técnicos. No es de extrañar que precisaran de una soberbia muralla, como en la que, continuos hallazgos ponen de relieve la magnífica infraestructura, sus fosos, escaleras y escalas.
En el museo disfrutamos de obras de arte contemporáneas, entre las que citaremos las esculturas de Asorey y las piezas de Sargadelos.

Al día siguiente salimos hacia Asturias. Hemos estado tres días en Galicia y Asturias y no nos hemos bañado en sus playas, sino que hemos sumergido la mirada en el verde esmeralda de sus prados y de sus bosques. En la mañana nublada, el sol iba cogiendo fuerza. Cuando el autobús ascendía, la niebla permanecía debajo, pegada al terreno y se extendía como un manto resplandeciente sobre los pastos, como un mar plateado sobre el que sobresalían las cimas redondeadas y los tonos verdi-grises de eucaliptos y pinos que las cubren abundantemente. Cuando la carretera tomaba altura las cimas de varios horizontes lejanos brillaban en la bruma con una majestuosidad prodigiosa.
Mientras nos acercábamos a las tierras fronterizas, el camino serpenteante volvía a descender junto a lechos de ríos recién nacidos y en cuestión de segundos, el espejo brillante de niebla allá abajo, se iba diluyendo y dando luz a praderías exuberantes y a pueblos que han estado hasta hace pocos años, acostumbrados a la incomunicación y a la autarquía económica.

Los guías nos esperaban en Santa Eulalia de Oscos y con ellos disfrutamos del sabor de la naturaleza y la artesanía de esta zona. Vimos el aula de la naturaleza, donde se presentaban las especies arbóreas de la zona, así como su fauna y la riqueza etnográfica de antiguas construcciones: hórreos de diferentes estructuras y utilidades, “corripas” junto a los sotos de castaños y cortines para proteger la apicultura, edificios para trabajos artesanos como molinos y mazos de herrerías o fraguas. También tuvimos ocasión de verlos funcionando, tratando de representar la utilidad que supusieron en otros tiempos.
Disfrutamos en la ruta de senderismo que hicimos a la Seimeira= cascada, del río Agüeira, entre bosques autóctonos y el rumor del río. Nuestras cámaras de fotos trataron de inmortalizar el hermoso día de sol y la belleza que nos aportaba el paisaje.
En la visita a la casa del Marqués de Sargadelos, el guía nos explicó la utilidad de todas sus numerosas dependencias. Algunas de ellas, el horno de amasar, el taller del herrero, la bodega,... recibían en aquellos años, la visita de artesanos ambulantes, sastres, torneros, costureiras y otros, que hacían una ruta anual o temporal, para elaborar las madreñas, herramientas o labores necesarias. ¡Contemplamos una de las primeras máquinas de lavar automática!, consistente en un barreño con una espita de salida de agua cerca de la base. Nos contó el guía que remojaban la ropa entre capas de ceniza y la mezcla de grasa con ceniza corría hacia la espita convertida en una especie de jabón. El ama de casa sólo necesitaba reutilizar esta coladura vertiéndola nuevamente sobre la ropa y, cuando consideraba oportuno, sacar la “colada” a reposar en el verde de la pradera, antes de aclarar en el regato o en el lavadero público. ¡qué sencillez y utilidad!
En el bajo de la casa vimos una exposición de vajilla de Sargadelos y hasta de bolas de cañón, que el marqués fabricaba en la fábrica de armas del rey.
Comimos estupendamente en S. Martín de Oscos en el hotel restaurante de la Marquesita, cuyo dueño nos obsequió con una postal y que también tiene su leyenda: Aquel mismo domingo, a las 10 de la noche, la cadena 2 de TVE puso un reportaje sobre los Oscos y allí oímos contar a su propietario cómo su familia trajo este nombre de América, donde habían ido a ganar fortuna, pero regresaron a montar su propio negocio en sus tierras tras llegar a esta conclusión:
“Más vale amo de un burro
Que criado de una recua”
Esto lo contaba en animada reunión, junto al hogar, en el suelo de la casona tradicional, en aquellas noches de “polavida” que es como se llama al rato de charla y sosiego, que reunía a los vecinos para saber lo que había “por la vida” algo que en nuestra tierra se llama “filandón”.
También en S. Martín de Oscos tienen una iglesia coqueta y un portalón renacentista que hoy sólo da entrada a un recinto público ajardinado, con hórreo “teitado”, es decir con cubierta vegetal.
Pero más triste es presenciar el estado en el que se encuentra el monasterio de Villanueva de Oscos, localidad cercana, que surge para mejorar la posición estratégica de los monjes, en la garganta de los Oscos y poder controlar su paso. Hay en él un aula arqueológica, que da cuenta de cómo los topógrafos romanos seguían las vetas de minerales observando las montañas. Dirigían la extracción de diferentes minerales, ayudados por la fuerza del agua, aprovechando la combustión de enormes masas forestales y aplicando recursos técnicos hoy olvidados. Cuando se establecen aquí los monjes sus recursos son agro-ganaderos, pero a partir de la llegada de la reforma reabren las ferrerías donde se fabricaba el hierro y las fraguas donde se elaboraban diferentes utensilios, llegando a conseguir unos pingües beneficios. A partir de la desamortización el convento se cerró, el edificio fue arruinándose y actualmente lo posee una familia que lo ocupa y comparte sus labores campesinas con grandes estancias de ruinas asilvestradas.
Obligados a pernoctar en Lugo, a pesar de la creciente oferta turística de la zona, el domingo regresamos para realizar la ruta del agua que nos permitió contemplar el funcionamiento del conjunto de Teixois, pueblecito al que llegamos caminando desde Taramundi. Lo que allí vimos es calco de las herrerías que abundaban en el Bierzo y de las que queda la de Compludo como leyenda viviente: Un mazo movido por la caída del agua golpea el hierro candente, sin que el herrero realice ningún esfuerzo físico. La llama es avivada por el aire arrastrado en la propia caída del agua, sin esfuerzos de obreros que accionen fuelles. Un “ingenio” sorprendente de comodidad gracias a la utilización inteligente de los recursos naturales. Todos ellos han ido decayendo desde siglos y casi desaparecido, salvo por la recuperación turística de las zonas rurales. En este se agrupa el mazo, el molino, el batán, usado para refinar el lino o apelmazar la lana; la rueda de afilar y... la central eléctrica ¡Magia de supervivencia de pueblos semi-aislados, que aprendieron a vivir de sí mismos!
Al regreso vimos el Museo de los molinos de Mazanovo donde se ha recuperado una zona del río canalizada y utilizada en tiempos antiguos para los usos antes dichos.
La comida nos esperaba en un restaurante de Taramundi y también la posibilidad de conocer el conjunto urbano, monumento al maestro incluido, o de recorrer los talleres- tiendas de artesanos que han hecho famosa esta localidad: los telares, entre los que se encuentra el que regalará a doña Leticia una pieza popular; madreñeros, panaderos y pasteleros y sobre todo fuimos a la busca de navajas, porque no se puede ir uno de aquí sin llevar de regalo esta pequeña pieza imprescindible. Aunque si hiciera falta, volveríamos a por ella otra vez.
Para saber más:
www.infoasturias.com
www.princast.es
www.mazonovo.es
www.osteixois.com