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05 noviembre 2014

En otoño ¡A por setas!

Mi amigo Luis y yo hemos pensado que la abundancia de lluvias acompañada de un tiempo caluroso para la temporada en la que nos encontramos, facilitaría la proliferación de hongos en nuestros campos, así que provistos de la correspondiente cestita, como Caperucita, nos dispusimos a pasar una estupenda mañana micológica.

Aún a sabiendas de los peligros que nos acechaban,

En otoño ¡a por setas!

perdón, me he confundido de foto...

En otoño ¡a por setas!

Esta seta como todos sabéis, es alucinógena y nos hace ver babosas fumando en pipa, conejos con prisa y … ¿mantis gigantescas?.

En esta ocasión al igual que el año anterior:
Nos hemos dirigido a los pinares cercanos a Vegas del Condado, el pueblo de adopción de mi amigo Luis.

En otoño ¡a por setas!

Debo decir que no nos defraudó la jornada: el día fue bueno, a lo lejos se divisaban las montañas del puerto de San Isidro con las primeras nieves y poco a poco fuimos llenando nuestras cestas  con el preciado manjar.

En otoño ¡a por setas!

Volvimos a casa contentos, a sabiendas de que nos esperaba la tarea más difícil, limpiarlas, para acto seguido cocinarlas.

En otoño ¡a por setas!

En esta ocasión voy a rendir homenaje a mi hijo Rafa, que se encuentra lejos de casa y además de cocinar una buena olla de níscalos con patatas, me dispuse a preparar una sabrosa crema de níscalos, que tanto te gustan, Rafa.

En otoño ¡a por setas!

Para ello el que quiera prepararlo al estilo francés calentaremos en una cazuela un poco de mantequilla. A la española, pondríamos aceite, en ambos casos con cebollita bien picada. Cuando esté bien caliente añadiremos medio Kilo de níscalos troceados y los dejaremos a rehogar durante cinco minutos, para añadir medio litro de leche y un cuarto de agua. Ahora los dejaremos a hervir durante media hora.

En otoño ¡a por setas!

Trituramos luego con la batidora hasta formar un puré. Lo regresamos todo al fuego hasta que hierva de nuevo, pero hemos añadido mientras tanto queso rallado y un poco de pimienta negra al gusto.

A la hora de servir, es imprescindible hacerlo acompañado de unos torreznos de pan frito en la sartén, al estilo de como nos lo hacían nuestra abuelas y… ¡bon apetit!   

En otoño ¡a por setas!



19 octubre 2013

Setas en otoño


¡Qué bonita esta mañana otoñal, que mi amigo José Luis y yo hemos pasado, buscando setas por el campo adelante! Llegamos muy pronto, cuando aún las gotas del rocío brillaban diamantinas a la luz del amanecer.

Día de setas

Después de aparcar el coche, tuvimos que recorrer un gran trecho hasta llegar a nuestro destino, atravesando peligrosos ríos (perdón, quise decir pequeños regueros llenos de husos)

Día de setas

Tuvimos que enfrentarnos a seres monstruosos que nos acechaban entre la maleza.

Día de setas

Y no dejándonos seducir por otros más hermosos, que con su canto de sirenas nos distraían de nuestra misión principal: encontrar la codiciada seta de cardo.

Día de setas

Porque, aunque encontramos en nuestro camino a las pequeñitas senderuelas que intentaban distraer nuestra atención, nuestro objetivo estaba muy claro: Llenar nuestra cesta con la famosa “pleurotus eryngii”

Día de setas

Y fue tal nuestro empeño, que finalmente ¡Aleluya! Nuestro viaje iniciático había dado sus frutos y nuestra cesta comenzó a llenarse.

Día de setas

Ya podíamos volver a casa satisfechos, pues las mujeres aguardaban vigilando que llegáramos con suficiente material para degustar un exquisito menú.

Día de setas

Nuestro primer objetivo se había cumplido. Quedaba ahora la parte más difícil, limpiarlas para luego cocinarlas.

Día de setas

Contaba para ello con la receta de Maribel, que consistía en hacerlas a la plancha con un poco de aceite (mejor en la sartén y así poder mojar luego el pan en la salsa) con su toque secreto, que voy a desvelar a mis seguidores de este blog: consiste en hacer un machacado en el mortero con ajo y guindilla, para “pintar” con él, las setas antes de darles la vuelta.

Día de setas

Así que calenté el aceite en la sartén, eché todos los ingredientes en ella, le puse sal al gusto, con una cuchara de madera le di unas vueltas a las setas y ya quedó todo dispuesto para comer. ¡A tu salud, José Luis! ¡Estaba exquisito, Maribel!

Día de setas

27 octubre 2008

Faedo de Ciñera, excursión de la Jcyl

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Aprovechando la mágica estación otoñal, hemos visitado el Faedo de Ciñera. El grupo de la Junta iba bien aprovisionado de información sobre las características ecológicas y socio-culturales de la zona, pero además de eso, fuimos recibidos por representantes del Ayuntamiento y acompañados por la guía que nos deleitó con numerosos detalles.


Íbamos dispuestos a pasar un día de compañerismo, compartiendo paseo y opípara comida.

Por supuesto, antes de llegar al bosque, le hicimos homenaje a estas tierras mineras, escuchando los pormenores de la formación del pueblo de Ciñera, del pozo 50 y observando las instalaciones del pozo Ibarra.

Avanzábamos hacia el Faedo, cargados de ilusión por descubrir de nuevo este bosque encantado, con su maravillosa mezcla de colores, amarillos de los chopos y salgueros, que bordean el arrollo junto a la campa, verdes de las encinas, que dominan sobre la roca caliza y marrones de los troncos o rojos, de las hojas de las hayas.

Mirábamos los árboles con admiración, porque estas hayas se han adaptado a su medio, consiguiendo unas formas poco habituales en otros lugares, consiguiendo unos troncos más gruesos y cortos y unas ramas configuradas como copas de vino, quizá para soportar el peso de la nieve, que suele cubrirlas más que en otras zonas.

Las cámaras de fotos inmortalizaron algo de lo que admirábamos en tan variados puntos de interés...

Y luego vino la hoz, con la roca blanca, ennegrecida en hilitos, de las escorrentías de agua filtrada en minerales, del interior de la tierra. Subíamos por una senda empinada o por el puente de palos, cuando el espacio era tan estrecho que no había más que roca viva. El arroyo bajaba repartido en pequeños remansos, los llamados “marmitas de gigante” y había conseguido, a través de miles de años, formar cuevas y modelar cúpulas en las dos peñas que lo limitaban. P1030304En una de esas pequeñas estancias nos contemplaba un rebeco, que acabó posando para nuestras fotos, como si nos comprendiera.

Seguimos subiendo en espacios más abiertos, desde donde se veía la vertiente que venía de Villar del Puerto y accedimos a la carretera que acababa en La Vid. Fue un paseo descendente, por un valle amplio y soleado, que nos dio la oportunidad de fotografiar largos estratos en las montañas, praderías con ganado bovino, otro bosque de hayedos y muchos rincones con hermosos chopos de hojas doradas tililando al sol.

Al llegar al río Bernesga tomamos una senda que en pocos pasos nos llevó a Ciñera, donde nos esperaba el autobús que nos acercó a Vega de Gordón. Comimos placidamente, compartiendo nuestras impresiones y aún disfrutamos de la sobremesa y del paseo por los alrededores del pueblo.

P1030375Estábamos paseando cerca de la vía, cuando un sonido nos previno de la llegada del tren. Visto y no visto, pasó por nuestro lado como una exalación y con las mismas, nosotros tomamos el camino hacia casa, eso sí, en el mismo autobús que nos había traído.

Rafa y Rosi

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