Cegoñal, es un bonito pueblo donde pensaba hacer un reportaje
fotográfico y me encontraría con los vecinos que nos esperaban para
abrirnos la iglesia o enseñarnos el pueblo.
Aparqué el coche enfrente de la vieja escuela, que tenía el aspecto
de haberse convertido en club del pueblo. Había otros coches allí,
probablemente de cazadores, pero la casa estaba cerrada y paseé para
conocer la parte alta del pueblo.
El pueblo está
partido por la carretera y por el río. Abajo, al cobijo de una colina,
está la iglesia y en la ladera de la montaña que da al sur, se escalonan
las calles, para recibir incluso el último sol de la tarde.
En
los pastizales se veían las briznas del césped hundidas bajo las aguas
desbordadas, por las fuertes lluvias de estos últimos días.
Corría
el agua por las pendientes y esparciéndose inundaba los prados. En las
lindes de las fincas, próximas al camino, corría el agua arremolinada,
como si fuera un arroyo. Surcos de agua por doquier, testimoniaban los
continuos aguaceros. Corría el agua... esto es lo que dicen, que
precisamente significa el nombre de
Cegoñal, lugar de agua.
A veces despejaba y un sol de invierno ponía luces y sombras en el caserío del pueblo.
El
pueblo conserva de antaño, unas magníficas casas de piedra y adobe en
la parte alta, aunque deterioradas, ya que muchos de sus habitantes se
han desplazado a vivir a otras parte, abandonando sus labores agrícolas y
ganaderas. Esto es una constante en los pueblos de nuestra provincia.
Los
hijos del pueblo vienen a él en los buenos meses del calor y entonces
habitan hermosas casas modernas o restauran las de sus familias.
Vemos
que tienen ganas de conservar sus edificios pues han restaurado esta
pequeña construcción de adobe, reparando el tejado con nuevas cubiertas
de madera.
Allí cerca me encontré con
Isidoro y sus gatitos, tan preciosos y juguetones.
Tiré
muchas fotos para ver de cogerles, pues no paraban quietos. A uno se le
ocurrió ponerme las cosas más difíciles trepando a toda velocidad por
la corteza de un roble.
Este
pequeño era como una bolita de algodón, inquieto, se movía de cosa a
cosa y no hacía caso de las señales de Isidoro, para que se nos acercara
y se pusiera en pose.
Una casa de piedra
comparte el patio con la nueva vivienda aledaña.Me llamó la atención la
gran piedra redonda que sobresale en la pradera. ¿qué misión tendría?
En esta plaza confluye
la calle Cimera
con la calle Nogal y me fijo en esta hermosa casa abandonada. Su gran
portalón, su balcón de verja artística, su tejado de alero robusto,
hasta parece que espera que alguien ponga en marcha el olvidado
remolque...
Me
gustan mucho las casas del pueblo: !Qué hermosas esas ventanas
adornadas con piedras salientes¡ ¡qué bonita la casona de piedra! Tiene
una cruz incrustada hecha de cantos rodados. Me imagino a los habitantes
de aquellos tiempos, llegados a la necesidad de ampliarla con un
zaguán, primero el portalón y luego con barro entre maderamen subir el
altillo...
Me
dijeron que la fuente estaba más centrada en la plaza, pero
posteriormente la orillaron junto al pilón. En la piedra, muy
desgastado, está labrado el nombre de un hijo del pueblo, canónigo del
cabildo leonés:
Ildefonso Valcuende.
En la
calle nogal, el añejo árbol nos saluda desde la soledad de sus ramas desnudas y su ancho tronco medio hueco.
A la derecha vive
Aurora,
que está preparándose para irse a trabajar. También su perro nos
saluda, ladrando, por supuesto y haciendo cabriolas alrededor de la
dueña y de su coche.
Aurora
me advierte que los peregrinos estarán a punto de llegar y sería
conveniente bajar a la iglesia, algo que hago de inmediato y ella llega
enseguida con
Maribel.
Cuando paso el río me
sorprende ver cómo va de crecido, casi llega a los ojos del puente y ha
inundado parte de la orilla, menos mal que es al lado contrario a la
carretera.
Frente
a la iglesia hay un chalet con unos simpáticos ciervos que adornan la
verja de la casa. Están casi cubiertos por la hojarasca del seto.
También es una belleza el gallo-veleta, que gira en lo alto de la
espadaña de la iglesia. Se ve que hay afición en el pueblo a estos
trabajos de forja y herrería, pues encontré otras figuras de pájaros
hermoseando otra verja de una casa.
Aquí llegan los peregrinos y Rafa, con su destreza, consigue este reflejo sorprendente.
Alegres
están los peregrinos, que habían abierto la ruta, por sendas cerradas
de espinos o inhundadas de agua. Se les une la gente del pueblo, que
estaba esperando su llegada.
Nos esperaba
Juan, el hermano de Jose y
la señora Vigis, su tía, con la llave de la iglesia y allí llegaron las chicas,
Aurora y Maribel. El reportaje del pueblo y el interés por reabrir la ruta del Viejo Camino suponía todo un acontecimiento para la ciudadanía.
¡Hasta el panadero de Puente Almuhey, desde su furgoneta, se interesó!
Pasamos a ver la iglesia y la multitud de obras de arte que contiene.
Ved nuestro reportaje fotográfico sobre Cegoñal con detalles de la iglesia y anotaciones.
Ahora Juan, me acompaña a visitar
la fuente, quizá romana, que mana cerca del río y que, debido a la mayor afluencia de caudal, tiene un nivel de agua muy alto.
Nos
acercamos a ver una de las casas de arquitectura tradicional, que se
conserva en buen estado, pues estuvo habitada hasta hace poco. Es de
esperar que sus actuales dueños la cuiden y también los visitantes
podamos disfrutar de su hermosa planta y finura.
Luego
fuimos a su casa. Un magnífico caserón muy bien restaurado, con una
entrada al patio enmarcada en un arco de medio punto, lo mismo que la
ventana y con grandes piedras sillares.
Los
perros salieron a saludarnos y ya no nos dejaron, ni siquiera cuando
puse en marcha el coche, pues me fueron guiando hasta la salida del
pueblo.
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