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10 agosto 2014

Montaña en Irlanda, 2014

En esta estancia en Irlanda hemos ido de senderismo. ¡Quién lo pensara, a la montaña! 

Surgió así porque el sábado vinieron Kuba y Brenda a comer con nosotros y traían unas empanadillas mexicanas muy sabrosas, de carne con cebolla o puerro, champis...Rafa hizo una paella de pollo y estrenó el jamón q le habíamos mandado y por la tarde decidimos la excursión a la que iríamos juntos.
Así que otro día fuimos al Centro Comercial, comimos en Wagamama y compramos... botas de montaña para papá. ¡Ya estábamos preparados!


El último bank day de la temporada estival salimos dirección sur, hacia Bray. A la izquierda estaba Glendalough y a la derecha una montaña que él dijo que se llamaba Great Sugar. http://www.wicklowcottage.ie/about-wicklow.html

No venía en las indicaciones de la autopista y cómo él ya la había subido conocía la ruta, dio la vuelta y encontró el camino. Después nos dijo que el nombre sería Montaña Roja, o ese es el nombre de la cordillera, que corresponde a las montañas de Wicklow.

Enseguida iniciamos la ascensión a esta hermosa montaña con Kuba y Brenda, acompañados por la perra Kira, que es de un amigo, que había ido a España por dos semanas.

Colina Azúcar, Irlanda

Era un roquedo desde donde se veía una extraordinaria perspectiva: a una orilla Dublín y a la derecha la línea de la costa con algunas islas, donde Kuba dijo que había practicado el kayak.


Colina Azúcar, Irlanda

Brenda cronometró la subida que dijo que había sido de 45 minutos. ¡Buen ritmo contando con las inevitables paradas para fotografiar!

Colina Azúcar, Irlanda

En el trozo final era casi andar a cuatro patas, pero no era difícil la ascensión y para bajar lo hicimos más despacio cediéndonos el paso entre roquedos y sendas estrechas, pues había tanta gente que parecía la calle Ordoño II de León.

Colina Azúcar, Irlanda

Después de la montaña queríamos ir a la playa...


Así que fuimos a Bray y en la playa me metí los pies. 

Bray, Irlanda

Había bandera roja, pero el mar estaba en calma. Sólo una niña estaba en el agua, vestida remojando las pantorrillas. Yo no podía pasar sin probar el agua y aunque sólo me mojé los pies, me vino muy bien, pues se me quitaron las agujetas, que ya me mordían.

Bray, Irlanda

El agua tenía algas flotando, pequeños pompones rosados y toda la playa era de cantos rodados, en el borde más pequeños, no llegué a pisar arena, aunque ya parecía adivinarse. ¡Cómo extrañaba la playa de la Mata en Torrevieja, de donde acabábamos de venir, con su agua transparente, luminosa y su arena dorada, tersa y brillante!

Bray, Irlanda

Comimos frente al paseo, en la terraza de un restaurante indio, pues no podíamos entrar al interior por el perro. 

Estaba todo a tope de gente y de fiesta, había montones de atracciones y shows para la ocasión .


Bray, Irlanda

Deseando estamos de repetir la experiencia. Kuba dijo que iríamos a la montaña que se elevaba al final de la playa, pero otro día, quizá el próximo año... Muchas gracias por su gentileza y la de Brenda.

Nos despedimos del lugar con un rico helado italiano.

Bray, Irlanda

Rafa aprovechó para documentarse sobre el lugar y pronto subiré su relato, estad atentos.





13 marzo 2010

Teleno, León

Hubo un día que salimos de excursión Rafa, Javi y Rosi al monte Teleno, en la provincia de León. Bueno, iba también Leo, el perro, que Javi pretendía hacerlo montañero, aunque el Yeti se oponía a que participara en sus marchas y también estaba vedado en las de UCECA.

Fuimos a la Bañeza y desde allí, creo que fuimos por Villamontán y Villacís, a Tabuyo del Monte.

Aquí cogimos una pista que ascendía por un cortafuegos, que atemorizaba a cualquiera, o al menos a mí, pues la estrechez de la senda, arañada por unas huellas profundas sobre planos torcidos, me parecía sólo posible que subiera una tanqueta. Me decían que abajo se quedaría el campo de tiro militar, aunque no acertaba a verlo.

Cuando alcanzamos la cima paramos para hacer unas fotos. Los estratos salían puntiagudos y trasversales dando un aspecto espectacular a aquella planicie. Al otro lado se divisaba la vertiente de Cabrera con sus montañas peladas y redondeadas recordándonos el expolio boscoso, que han venido sufriendo estos montes desde épocas romanas. Una manada de perdices caminaban delante del coche y levantaron el vuelo al acercarnos, ¡qué maravilla verlas vivir en libertad en aquellas soledades!

La senda enlazaba con el pueblo de Pozos, de la Cabrera, pero nosotros no necesitábamos llegar ahí. Cerca, nacería el río Pequeño, que engrosaría el Eria, que riega la Cabrera y llega a Castrocontrigo, pero hablar de esos recorridos sería otro cantar, que seguramente cantaremos próximamente.

Sin dejar las faldas del Teleno, le rodeamos hasta encontrar un paraje en el que dejamos el todoterreno y comenzamos la ascensión a pie. La sierra es amplia y no se acierta a saber en cual cresta está el punto geodésico, sobre todo porque no íbamos por una ruta señalada.

El camino es duro, el suelo es seco y pedregoso, requiere fuertes piernas y tobillos resistentes.
Nos encontramos una extensión considerable antes de rematar la subida y poder ver el inmenso panorama que se ve al otro lado de la vertiente. Es indescriptible la sensación que se experimenta al rematar la altura después de este duro paseo.

Allí arriba hay una piscina de mármol en la que, seguramente, los romanos almacenaban el agua o, según cuenta la leyenda, en la que el dios Marte-Tileno, apagaba los rayos, que le sobraban o dejaba de lanzar en las tormentas.

En determinado punto de la ascensión, se aprecian unos riscos de peñas horadadas para dar paso a los canales de conducción de agua, que suministrarían el caudal a las explotaciones romanas, algunas separadas de estas cumbres por muchos kilómetros.

Comemos allí arriba tratando de escudriñar pueblos conocidos, como la Bañeza o Astorga, o imaginando qué serían esas manchas de poblados, que se observan por doquier.

Realmente es un privilegio estar en las cumbres del Teleno. Se siente algo estremecedor pues, nuestros ojos que han visto las cumbres del Teleno, desde hace tantos años, desde tan distintos puntos de nuestra geografía humana y sentimental, pareciéndonos siempre inaccesible detrás de su cumbre nevada u oculta entre las brumas, lo contemplan ahora desde la cercanía. Lo hemos contemplado desde las carreteras de salida de León tanto en dirección a la Bañeza, como hacia Astorga o por la de Benavente, lo hemos fotografiado desde la distancia, apostados en la muralla de Astorga o en las cunetas de la carretera al monte de Palacios de la Valduerna… y ahora estamos en contacto con sus piedras milenarias.

Al descender nos topamos con unas ruinas, comprendemos que son restos de un poblado minero, de época romana y las murias verdecidas, los testimonios de lavados de materiales efectuados allí mismo.

Nos encontramos con unos turistas, que recuerdan sus andanzas por allí, cuando los profesores de la universidad les llevaron a estudiar esos restos y recogen una losa de mármol rosado y algunos trozos de tégulas. ¡Seguramente tendrán mejor destino en sus manos que en aquel abandonado campo… ¡

Un guarda forestal, alzado sobre el peldaño de su jeep, otea con los prismáticos y al acercarnos, nos dice que busca un coche con unos cazadores a los que les ha tomado una pieza. Nos muestra un ciervo, el pobrecito yace a los pies del asiento delantero, no más grande que un perro. Da pena ver al animal, uno de los pocos que quedarán...

Seguimos rodeando el Teleno y nos despedimos de él tomando la carretera que enlaza con el Morredero. lugar deportivo de la gente del Bierzo, más próxima a Ponferrada.

Reportaje fotográfico de la siguiente excursión al Teleno y más allá.

28 enero 2009

Faedo de Ciñera 24.01.09

Ved lo bonito que estaba el Faedo el día que fuimos con Toño y Raquel. La nieve lo cubría todo y pintaba una línea blanca sobre los bordes de las ramas y los troncos de los árboles. Tuvimos un hermoso día de sol, que nos hizo soportar el frío que trasmitía el entorno, sobre todo en la humbría. El río corría vigoroso haciendo torbellinos por doquier. En el suelo nuestras pisadas dejaban huellas perfectas de relieve, en las que se podían apreciar los detalles de la suela de nuestras botas.
Esperamos regresar en otras ocasiones para ir notando la diferencia estacional.