23 julio 2009

San Mamés de Orzonaga y Llánaces

Recuerdo que un día, hablamos de Orzonaga, mientras tomabamos café al final de una jornada de senderismo.

Estábamos con los integrantes del grupo “Guheko”.

Les comenté que había leído algo interesante sobre la ermita de San Mamés de Orzonaga y que ellos, veteranos montañeros y andarines, por vericuetos y sendas imposibles, me dijeron que no conocían la ruta, aunque sí había una senda forestal que cruzaba desde Orzonaga a Llomberas a través de un hayedo espectacular.
Nos pareció interesante ir a investigar...

Había leído también sobre el origen del topónimo “Orzonaga”, del que han especulado personalidades de la categoría de Menéndez Pidal, entre otros, sin ponerse de acuerdo, aunque yo os confieso que, después de haber recorrido el terreno, me quedo con la raiz ARTSU (Zarzal), lugar pedregoso de difícil acceso.

M. Glez. Flórez cree que se trata del territorio ocupado por los Orgenomescos. J. M. González y Julia Miranda en su “Carta arqueológica y estudio histórico del valle de Orzonaga” nos dicen que ya aparece documentado desde principios del siglo XI. Me remito a su documentado estudio del lugar que nos ocupa.


La ermita en plena naturaleza, con sus extraños símbolos grabados en piedra seguía atrayendo poderosamente mi atención, así que a la primera ocasión que se nos presentó, armados de mochila y bocata nos presentamos en el pueblo de Orzonaga, cogiendo una desviación hacia la mitad de Matallana de Torío.

Consultamos con las personas que encontramos en una placeta con sombrajo, situada al final del pueblo. Nos atendieron amablemente, nos dieron fotocopias de las coplas y canciones del lugar, pero no conocían ningún camino que condujese a la ermita, así que después de despedirnos nos dirigimos al hayedo por el camino que enlaza con Llombera.

Yo había visto por internet, en el mapa del SIGPAC, que la ermita se encontraba junto al arroyo Portilla, así que iba escuchando el rumor del agua para orientarme, hasta que en un momento determinado dejó de oírse.

Nos desorientó al seguir por el sendero desde el que se contemplaban los picos y montes, que si antes habíamos aprendido sus nombres a través de los mapas, ahora conocíamos también las leyendas de los tesoros que escondían, gracias a las fotocopias de las coplas recibidas en Orzonaga.

Durante todo el recorrido sólo encontramos una finca labrada en estos terrenos, ahora comidos por un bosque feraz, con lo codiciadas que fueron en tiempos.

Y es que parece ser que por aquí hubo un pueblo hoy desaparecido: Lláneces y que antiguamente pleitearon por el aprovechamiento de sus territorios los vecinos de Orzonaga con la Abadía de San Isidoro porque según esta “se los tienen entrados e ocupados”.

Entre 1534 y 1535 se falla a favor de la Abadía, puesto que probó “bien e cumplidamente” su propiedad sobre Lláneces.  Sin embargo, se concede a los de Orzonaga el derecho de pacer con todo su ganado en dicho territorio de Lláneces. Posteriormente perdieron todos los derechos en virtud de otra sentencia, dictada en Valladolid el 27/08/1559, porque, según la misma, el derecho a pacer había sido dado por derecho de arrendamiento.

Pero ¿dónde estuvo ubicado este pueblo?. Pues parece ser que en lugar denominado los Mallaos, junto al pico Águila.

Según la tradición popular en los Mallaos vivieron los “moros” y por debajo de la fuente de “Los matones” el terreno presenta una coloración blanquecina diferente de los alrededores y semejante a la que presentan los hornos de cal, de lo que se deduce que aquí hubo un calero. Los viejos del lugar también oyeron decir que antiguamente aparecieron tumbas y se encontraron también restos de cerámica y escorias fundidas, por lo que en ese lugar debió de haber un asentamiento.

Ya estaba identificado el pueblo. Había constancia de tres ermitas documentadas en el valle, la de S.Roque, a la entrada del valle, se conserva para el culto. Las otras dos, la de San Juan y la de San Mamés se encuentran en ruinas.

Esta última, cuando la localizamos al fin, en una segunda excursión, estaba mucho más deteriorada de lo que figuraba en el artículo antes mencionado.

En opinión de sus autores la actual ruina fue en su tiempo la iglesia de Lláneces y después de la desaparición del pueblo se convirtió en ermita, en el siglo XVI.


Sigamos con nuestra excursión: Descubrimos la escondida ermita, siguiendo el arroyo de la Portilla, con mucha dificultad, pues estaba comido por la vegetación exuberante del lugar.

De repente intuimos unas ruinas entre los árboles, con los techos desplomados, sus muros de fuertes bloque de piedras calizas con rosetas y cruces grabadas en la piedra, abrían paso a fornidos árboles y algunos habían crecido sobre ellas, como por encanto.

Ya no pude ver una estrella de ocho puntas grabada sobre el altar, ni una lápida sobre una gran piedra de la cabecera del templo, que estaban documentadas en el trabajo de J. M. González y Julia Miranda, pues se habían derrumbado.

Además de la cabecera, la bóveda de cañón también se ha desplomado, así quelos modillones, que adornaban y soportaban la techumbre, se encuentran también desperdigados por el suelo.

Impresionado por la soledad de esa ruina venerable, yo me sentía como Indiana Jones en el templo perdido, recordé el libro de Nicholas Wilcox “Los templarios y la mesa de Salomón y sin saber por qué me sentí como el Baal Shem, el maestro del nombre, así que en mal momento se me ocurrió pronunciar el “Sem Shemaforash”, la forma primordial de la materia. No sé si sería a causa de las poderosas vibraciones del nombre secreto de Dios o porque los muros ya no estaban acostumbrados a la presencia humana en el entorno, o porque los genios del bosque me quisieron castigar por mi osadía, pero lo cierto es que se me vino un trozo de piedra encima y sólo me salvó de pegarme un fuerte costalazo, la rama de un frondoso árbol que se encontraba a mi lado.

Dice Juan Eslava Galán, alias Nicholas Wilcox, que el hombre primitivo, más hermanado que nosotros con la tierra, la cual también es considerada como ser inteligente, percibía la vibraciones de la naturaleza. Así a las corrientes magnéticas, que las recorrían como regueros, las llamaba “cuélebres”. En los lugares donde fluía la energía, plantaban un dólmen y así la energía se concentraba en él. Una cueva se convertiría en su imaginación en el útero de la Magna Mater Tierra. Las piedras esféricas, recibían culto, pues representaban el huevo cósmico, “la diosa madre” y la fecundidad fue el conocimiento clave de la época y el origen de la revolución agrícola en el neolítico. Tuvieron que inventar además el concepto tiempo, para comprender la procreación y para las labores en el campo. Como no tenían reloj, observaron el cielo... para vivir, sembrar y recoger. Hace catorce mil años el equinoccio de primavera tenía su punto vernal en la constelación de Virgo y su estrella principal era Spica, la espiga, entonces aparecieron unos nuevos símbolos: la virgen y una espiga.

Volvimos de la excursión comentando cómo esos vestigios de religiones naturales, perduran disfrazados en la actualidad. En nuestras andanzas, habíamos detectado una gran concentración de estos símbolos, en un amplio espacio por los alrededores de Vegacervera. Leyendas de cuélebres en Gete y junto a Villalfeide, historias de cuevas como la de las Golondrinas en las Hoces que esconden un tesoro ¿espiritual?, una virgen esculpida en madera de nogal, la del Orugo y una antigua encomienda templaría, la de San Pedro de Cavatuerta (Pedro=piedra, a la que venerar en una cava=cueva, tuerta=torcida) cerca de Aviados. Nos quedaban pues, muchos sitios llenos de misterios, interesantes para visitar.

Y para que no creáis que somos descreídos, para finalizar os contaremos la historia de San Mamés, un santo muy popular de origen bizantino. Nació en una cárcel, donde se encontraban sus padres, los cuales murieron durante el cautiverio y fue educado por una viuda rica llamada Ammia. San Mamés, quiere decir “al que dan de mamar" ¿el conocimiento?. Por sus ideas religiosas fue torturado, pero un ángel lo libera y lo manda refugiarse en un monte cercano. Capturado de nuevo, en el circo consigue amansar a las fieras y con el abdomen desgarrado por un tridente, escapa de nuevo a una cueva donde muere, siendo invitado a subir al cielo por los ángeles. Sobre la tumba del santo se construyó un santuario, donde acudían muchos peregrinos, debido a los milagros que allí se producían. Después el culto se trasladó a Constantinopla y desde allí la cabeza del santo fue llevada a Langres, cerca de Dijón, en Francia. Los peregrinos a Santiago trajeron su devoción a España y auque el martirologio conmemora a San Mamés el día 17 de agosto en nuestro país tradicionalmente se celebra el 7 del mismo mes. Debemos solicitar su protección para sanar las enfermedades del abdomen y también es protector de los ganados. ¿os acordáis de cuando amansó a las fieras del circo y escapó con los intestinos entre las manos? Pues eso.

1 comentario:

tecolinha dijo...

Muy buena crónica, muchas gracias