14 noviembre 2017

Isla de Tabarka , la de los mil nombres

Estas vacaciones nuestros amigos nos animaron a hacer una excursión desde Santa Pola, a la isla de Nueva Tabarca y hay que decir que fue un día espléndido de buen tiempo y de amistad.

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Como ya hacia varios años que la habíamos visitado, queríamos volver allí y apreciar las novedades que trae el paso de los años. Así estos leoneses, pero semi alicantinos, por razón de las largas estancias aquí, Carlos, Amada, Manolo, María José, Rosi y Rafa decidimos pasar un día otoñal de belleza incomparable, entre las aguas onduladas que nos rodeaban por doquier. para ver cómo había cambiado todo. Decidimos coger un catamarán desde el puerto de Santa Pola y embarcarnos a la aventura.

Disfrutamos de esta isla, que en 1986 fuera declarada “reserva marítima”. Fue la primera de España en poseer esta distinción y han dedicado un pabellón como aula de la naturaleza, así como han llevado a cabo varias iniciativas para la protección medioambiental del entorno.


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Cita de Tabarka en el Quijote de Cervantes


Quiero aclarar que además de la Nueva Tabarca, que ahora visitamos, existe otra isla Tabarka, en las costas de Túnez, de la cual recibió su nombre. Sobre la primera isla de Tabarka, la que fue conquistada a los genoveses por los turcos, ya nos habla nuestro inmortal Cevantes. En el capítulo XXXIX de la primera parte del Quijote, narra el triste destino de Pagán de Oria hermano del famoso Juan Andrea Oria, muerto por los mismos árabes que se ofrecieron a llevarle a Tabarka. Cervantes la describe así ..." que es un portezuelo o casa que en aquella ribera tienen los genoveses que se ejercitan en la pesquería del coral"

Tiempo después de la conquista de la isla por el Bey de Túnez en 1741, el padre mercedario fray Juan de la Virgen consigue la redención de 69 familias genovesas esclavizadas en la isla. Los traslada a Alicante hasta que el Conde de Aranda, que ya había mandado repoblar Sierra Morena, piensa hacerlo ahora con los genoveses liberados, situándolos en una isla que a partir de ahora se llamará Nueva Tabarca, que sólo disponía de un fuerte para defender las costas de los ataques berberiscos y de algunas casas para los pescadores.

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Esta isla que acogería a las familias genovesas liberadas, ya había tenido otros nombres. No siempre se llamó igual. En la época del griego Estrabón que alertó de los peligros de la navegación entre islotes, avisó de que por allí abundaban los escollos, se la llamó Planesia o isla plana, de difícil visualización. Planaria, poco después, durante la dominación romana. El geógrafo árabe Al-Idrisi la denominó Ablanasa. Pero fijémonos sobre todo en su etapa medieval: se la denomino Isla de San Pablo, pues las tradiciones locales afirman que aquí desembarcó el apóstol en su viaje evangélico a España.


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Desde la acristalada panza del barco se pueden observar las especies marítimas que pululan a nuestro alrededor. También se nos ofrecía desde nuestro privilegiado mirador una vista general de la isla y efectivamente, entonces nos dimos cuenta del porque la llamaban “la isla Plana”.

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Desembarcamos pues en la Isla plana y nos dispusimos a explorarla, no sin antes encargar la comida en uno de los numerosos restaurantes de la localidad, pues otra de las virtudes que la adornan es su gastronomía y no nos íbamos a marchar sin degustar los calderos, los arroces y los afamados pescados y mariscos de la isla...

Pasado el puerto y los primeros restaurantes, con su exquisito aroma a calamares fritos, sardinas y otras delicias marineras, entramos en la ciudad fortificada... “como no podía ser de otro modo” que dirían los cursis, por la puerta de San Rafael, o sea la mía. Bueno, también la llaman la de Levante pero yo, obviamente, prefiero el otro nombre.

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Si recorremos la ciudad por sus calles principales daremos enseguida con la puerta de muralla de la Trancada o de San Gabriel, que nos da paso a la antigua cantera. y como va de arcángeles aun hay que visitar otra puerta de muralla, la de San Miguel que también se llama la “puerta de la tierra” y da paso a una pequeña cala de las muchas que abundan para refugio de los barcos de los pescadores.

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Ni que decir tiene que entre puerta y puerta aún permanecen buenos lienzos de muralla, muy bien restaurados. Entre las callejuelas podemos admirar rincones muy hermosos, aqui un magnífico enrejado, allí una casa muy “coqueta” mas allá el brocal de un pozo...

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De todo tomábamos nota mental o fotográfica, pero sería imposible describir todas las impresiones y sensaciones aquí por falta de espacio, aunque podéis entrar a ver nuestros recuerdos fotográficos pinchando este enlace: https://www.flickr.com/photos/rsas0010/sets/72157687866733031
y vosotros haréis el resto...

Destaca por su altura la iglesia de San Pedro y San Pablo, resaltando en todas las panorámicas que se hacen de la isla.

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Pero como ya comentamos en otras entradas de este blog, siempre nos las encontramos cerradas, así que tendremos que conformarnos con dar una vuelta a su alrededor. Nos dijeron que bajo el pavimento hay tres bóvedas con sepulturas y que el pórtico y las ventanas son de inspiración barroca, pero inspiran poco.. pues hace poca gracia el encontrarlas cerradas.
Pegado a la iglesia está el edificio que se utilizó como casa del cura y escuela, un parche que desluce el conjunto, no sé si la restauración que está en marcha podrá arreglarlo de alguna manera...

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Volviendo a los nombres de la isla, sin lugar a duda el que a mi más me gusta es el de “la Isla de los poetas” esto fue gracias a que el escritor malagueño Salvador Rueda se instaló aquí a comienzos del Siglo XX haciendo que le visitasen de cuando en cuando una Pléyade de poetas y escritores.

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Unos maniquíes a la puerta de una tienda me hicieron pensar en los colegas del poeta y los soñé recorriendo las calles mientras recitaban sus versos a los turistas. Porque de lo que no cabe duda es que esta isla emana inspiración.

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Aquí se rodó una película, “Tabarka” ambientada en los años 60 que nos cuenta las peripecias de un activista republicano perseguido por el franquismo. Fue rodada íntegramente en la isla. Basada en el libro del mismo nombre escrito por el Alicantino Miguel Signes Molines, que compartió cárcel con Miguel Hernández.

Miguel Signes pasó una temporada en la Isla, para documentarse y trasmitir el clima de una sociedad cerrada con sus celos, odios y murmuraciones. Crea una atmósfera densa, casi irrespirable, tanto que el personaje de Amparo, una mujer casada, atraída sexualmente por Ignacio, el antifranquista de la película, se suicida tarándose por un acantilado. Os cuento esto no para fastidiaros el desenlace, porque no lo es en absoluto y hay muchas historias, tantas como personajes, porque el protagonista no es Ignacio, si no la “isla” el mar y la tierra madre que los mueve a todos.


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Podéis leer aquí un comentario del texto, casi una tesis doctoral escrita por alguien que lo ha investigado a fondo. http://lafogueradetabarca.blogspot.com.es/2016/04/videoteca-tabarquina.html
Espero que os guste.

Seguimos recorriendo las calles, siempre con la omnipresencia de la luz, del cielo azul y del mar. Nosotros vamos charlando, recordando y soñando.
A partir de aquí la contemplación de la muralla se vuelve intemporal y me transporta a la ciudad de Troya.

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Al ver la playa me parece oír la melodía de Zorba el Griego y a Anthony Quinn “marcándose” un sirtaki a lo lejos, en la playa.

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Un poco más adelante, ante unas rejas oxidadas encontramos a una bella joven... moderna prisionera y recitamos a coro, el viejo romance del prisionero “Que por mayo era por mayo/...Si no yo triste cuitado que vivo en esta prisión/...

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Pero no todo es luminosa poesía en estas apacibles callejuelas, de improviso nos sale al paso una tenebrosa leyenda local.
Dicen que en otro tiempo, al anochecer se deslizaba por aquí un horrible monstruo marino de forma serpentiforme y resbaladiza piel, que de manera voraz acababa con la pesca, todo lo que se le ponía por delante.

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Cansados los pescadores decidieron unirse para darle caza, persiguiéndole con antorchas, arpones y todas las armas de que disponían, encontraron una cueva donde tenía su madriguera. Entonces descubrieron que el monstruo no estaba solo, convivía con su hembra, que además estaba embarazada. El enorme griterío de los pescadores de la isla, armados y con enormes antorchas, corriendo en la persecución por la cueva, provocó que la hembra amedrentada, abortara y que acto seguido ella muriera de pena, finalmente entre horribles alaridos el macho fue enviado al fondo del mar.

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Pero ¿moriría al fin el "lobo de mar” pues de ese animal se trataba?. Pues dicen que no y que en las noche de luna llena se oyen desde Santa Pola sus tristes lamentos y una lúgubre procesión de calamares, lisas, salmonetes, sepias y langostas, se dirigen en procesión a la cueva, conocida como la del "Llop de mar" pues en realidad habían eliminado a las dos últimas focas monje de la comarca, con el fin de que no se comieran el pescado de la isla, pues era la riqueza pesquera la principal fuente de ingresos de los pobladores.


A través del campo donde antiguamente se cultivaba lo poco que se daba en la isla, seguimos hasta la torre de San José, que tiene forma de tronco de pirámide, con la puerta a media altura, a la que se llega por una estrecha escalera de difícil acceso. No es de extrañar porque nos dicen que en el siglo XIX era una prisión.

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Un poco mas allá esta el faro que además de la torre y la vivienda de su responsable, fue escuela de fareros. Inaugurado en el año 1854 parece ser que su torre prismática tiene desmontado el mecanismo de iluminación. (se nos indica que es de estilo neoclásico tardío)

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No os impacientéis que ya vamos terminando. Ahora visitaremos el palacio del Gobernador, que nos queda de camino para degustar la comida.


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Este palacio nunca llegó a albergar al gobernador, pero la sola presencia de su casa, significaba mucho para la población y era una artimaña que utilizaron desde siempre nobles y magnates, "marcar su presencia incluso en su ausencia".

En la actualidad ha sido restaurado para convertirlo en el un coqueto hotelito y en él se celebran actos culturales y conciertos.


Por nuestra parte nos disponemos por fin a comer, no sea que se nos pase el arroz... y mientras comentamos estas aventuras ponemos fin a un día inolvidable

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